📌 Ficha Técnica y Guía de Repaso
Asignatura: Psicología del Trabajo
Ver más / Colapsar
Glosario de Términos
Psicología del Trabajo
Tema 1: Introducción a la Psicología del trabajo
Centralidad del trabajo: Grado de importancia que la actividad laboral tiene en la identidad y en el conjunto de la vida de una persona frente a otros roles sociales.
Conducta laboral / Acción laboral: Objeto de estudio central de la Psicología del Trabajo estructurado en torno a la interacción dinámica entre la persona y su ambiente de trabajo.
Conferencia de Boulder (1949): Reunión académica de la APA donde se concibió formalmente el modelo científico-practicante para integrar la fundamentación teórica con el ejercicio profesional.
Cronociclógrafo: Dispositivo fotográfico innovador utilizado por Lillian y Frank Gilbreth para registrar y analizar los movimientos corporales en 3D durante la ejecución de las tareas.
Denominación de Walther (1926): Propuesta histórica introducida por Walther para acuñar el término «Psicología del Trabajo» y evitar la restricción conceptual de la disciplina al ámbito puramente fabril.
División 14 de la APA: Sección de la Asociación Americana de Psicología que mantiene la denominación tradicional de Psicología Industrial y Organizacional (I/O Psychology).
División PTORH del COP: Unidad creada en 2007 por el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España para vertebrar la Psicología del Trabajo, de las Organizaciones y de los Recursos Humanos.
EAWOP: Asociación Europea de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones fundada en 1983 para unificar teórica y profesionalmente la disciplina en el ámbito europeo.
Ergonomía: Ciencia multidisciplinar que estudia las capacidades y limitaciones humanas para adecuar herramientas, máquinas y entornos laborales, garantizando eficiencia y seguridad.
Estrategias SOC (Selección, Optimización y Compensación): Modelo teórico de Baltes y Baltes que describe las estrategias adaptativas mediante las cuales los trabajadores hacen frente al envejecimiento para mantener el rendimiento y el bienestar laboral.
Estudios de la lotería: Investigaciones iniciadas por Morse y Weiss (1955) que demuestran que la mayoría de los trabajadores continuaría trabajando aun teniendo la vida económica resuelta.
Evidencia científica aplicada: Uso sistemático de hallazgos teóricos y metaanálisis contrastados como base metodológica para intervenir en la gestión y salud de las personas en las organizaciones.
Fatiga mental: Concepto delimitado por Myers (1937) que diferencia la fatiga común (recuperable tras el descanso) del agotamiento psicasténico severo derivado del sobreesfuerzo prolongado.
Hugo Münsterberg: Pionero de la Psicología Industrial y la Psicotecnia que desarrolló pruebas simuladas para evaluar las capacidades de los candidatos en procesos empíricos de selección de personal.
Institutos de Orientación Profesional (España): Centros pioneros fundados en Barcelona (1917) y Madrid (1925), representados por Emilio Mira y José Germain, centrados en la selección y orientación técnica de trabajadores.
Interacción dinámica ciencia-práctica: Principio fundamental que sostiene que la investigación científica y la aplicación práctica en organizaciones se alimentan mutuamente para resolver problemas reales.
Investigación orientada al entorno laboral: Proceso de generación de teorías psicosociales que surge a partir de demandas y situaciones críticas reales observadas por profesionales en las empresas.
James M. Cattell: Psicólogo cuantitativo que introdujo el uso de los tests mentales para predecir la productividad laboral y fundó en 1921 la Psychological Corporation.
Job crafting: Conducta proactiva mediante la cual los empleados moldean y adaptan las tareas, relaciones y percepción cognitiva de su puesto de trabajo para mejorar su ajuste y motivación.
Juan Huarte de San Juan: Médico y filósofo español autor de «Examen de ingenios para las ciencias» (1575), considerado pionero en relacionar las aptitudes e ingenio individual con la orientación vocacional y profesional.
Orientación a la carrera profesional: Estructura motivacional donde la actividad laboral se enfoca hacia la promoción interna, el prestigio, el estatus social, el salario y el poder organizacional.
Orientación a la vocación: Actitud laboral donde el trabajo se percibe como un fin en sí mismo, orientado a la satisfacción intrínseca y a la contribución al bienestar social o bien común.
Orientación al trabajo: Concepción instrumental de la actividad laboral centrada prioritariamente en obtener ingresos económicos para disfrutar del tiempo libre fuera del ámbito laboral.
Pausas de descanso (Wyatt y Fraser): Estrategia propuesta en 1928 que consiste en alternar tareas repetitivas mediante variaciones de actividad para mitigar la monotonía y la fatiga laboral.
Proyecto GoodWork: Línea de investigación impulsada por Gardner y colaboradores que define el «buen trabajo» como aquel de excelente calidad técnica, éticamente responsable, significativo y generador de estado de flujo (flow).
Psicología Ocupacional: Término acuñado y extendido principalmente en el Reino Unido para definir la aplicación de la psicología al entorno laboral e individual de las profesiones.
Teletrabajo: Modalidad de trabajo flexible mediante el uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) fuera del entorno presencial de la empresa, orientada a mejorar el rendimiento y la conciliación laboral-familiar.
Test de Clasificación General del Ejército (AGCT): Prueba colectiva de inteligencia administrada a más de 12 millones de reclutas en EE. UU. durante la Segunda Guerra Mundial para asignar puestos según especialidades militares.
Therblig: Unidad elemental de movimiento identificada en la organización científica del trabajo por Frank y Lillian Gilbreth para eliminar movimientos innecesarios y optimizar tiempos.
Trabajo comprometido: Actividad laboral que, sin llegar a ser ilegal o éticamente punible, socava los valores fundamentales de un oficio debido a presiones por reducir costes o aumentar beneficios.
Triple enfoque del modelo: Estrategia que aboga por abordar problemas sustantivos de investigación, medir los resultados mediante análisis multinivel y difundir de forma eficaz el conocimiento generado.
Contenido estructurado: Resumen técnico para examen + Lectura conceptual en tono cebra + Test de autoevaluación.
Tema 1 Introducción a la Psicología del trabajo | El Circo Ambulante en Quiebra
Huele a serrín mojado, palomitas rancias y sudor frío de trapecista a punto de estrellarse contra la primera fila.
Tienes a tres malabaristas lanzándose antorchas encendidas sobre la pista.
Uno sufre un ataque de pánico bajo la pintura blanca de payaso.
El domador de leones intenta configurar el sonido del espectáculo desde una tablet que no sabe usar. Mientras tanto, la fiera le observa calculando cuánta carne le queda en las piernas. Arriba, en la grada, la multitud exige trucos nuevos. Y en la oficina de chapa galvanizada, la gerencia exige duplicar las funciones de la tarde reduciendo la red de seguridad a la mitad.
Esa es la vida productiva. La carpa de un circo ambulante en decadencia.
Hoy me toca ponerme la chaqueta de jefe de pista de esta carpa ruinosa para explicarte el tema 1 de Psicología del Trabajo.
Porque el trabajo no va de una oficina con aire acondicionado. Va de equilibrismo puro.
Llevamos más de un siglo metidos en este espectáculo.
Unos intentan encajar a martillazos a los trabajadores en disfraces que les quedan pequeños.
Otros intentan rediseñar los trapecios para que los acróbatas no se rompan el cuello en la primera pirueta. Es una mezcla de tensión, tecnología incomprendida y CEOS del Temu buscando rentabilidad al límite.
Hoy vamos a tratar de entender la ciencia que hay detrás de conseguir que los malabaristas no le tiren las mazas directas a la cabeza al público.
Bienvenidos a Diario de una Cebra.
Como te he dicho hoy llevo una chaqueta raída de jefe de pista y me rodea un olor sospechoso a serrín mojado, te lo aclaro.
En este curiosos universo de Diario de una Cebra adopto disfraces y metáforas en cada episodio para meter la teoría académica densa con calzador narrativo para que no caer en coma sobre los apuntes.
Hoy usamos esta carpa en ruinas para destripar la Psicología del Trabajo.
Veremos cómo evolucionamos desde la antigua Psicología Industrial hasta las dos grandes obsesiones del sistema.
Por un lado, la tradición de ajustar las personas al trabajo a base de tests y selección estandarizada.
Por otro, la tradición de ajustar el trabajo a las personas mediante el diseño de puestos para que la fatiga no te mate.
Analizaremos si en la pista actúas por un simple salario, por el estatus de la carrera o por una vocación kamikaze.
Todo bajo el filtro del modelo científico-practicante.
Si tienes altas capacidades, esto seguro que te interesa. Puede que al final entiendas un poco mejor por qué tu intensidad mental choca de frente contra procesos pensados para un rendimiento de piñón fijo.
Antes de empezar debo advertir que a esta asignatura le tengo un cariño especial. Cuando se frustró mi vocación de estudiar Psicología hace ya más de un cuarto de siglo, acabé haciendo la licenciatura en Administración y Dirección de Empresas. Allí descubrí, gracias a Don Antonio Martín Hernández que esto de los recursos humanos va mucho de humanos y muy poco de recursos.
Justo lo contrario de la cruda realidad. Para el 99% de las organizaciones, el personal es un recurso intercambiable y renovable. La parte humana la reservan para atribuirle los errores. Dicho esto, no quiero irme por las ramas, solo dejar claro que lo importante es la humanidad de esos recursos.
Con todo aclarado, vamos con el primer tema de esta asignatura de Psicología del Trabajo. Bienvenidos al mayor y más antiguo espectáculo del mundo: el circo
Las supersticiones del circo y la falacia del payaso feliz | INTRODUCCIÓN
En el circo, la gerencia dirige la pista con superstición, que no es otra cosa que la versión rancia del sentido común.
Si a un trapecista le sale bien un salto triple sin red, la dirección suelta: a quien madruga, Dios le ayuda.
Si al día siguiente se rompe la tibia, murmuran: no por mucho madrugar amanece más temprano.
Teigen, en 1986, demostró que la gente acepta refranes opuestos como verdades absolutas según sople el viento. El sentido común acomoda la realidad como le da la gana. Arnold y sus colegas explicaron en 2005 que el trabajo de la psicología es determinar en qué circunstancias aplica cada opción.
Cuando el tragafuegos se quema las pestañas en plena función, todos en el camerino afirman que se veía venir. Eso es el sesgo retrospectivo que ya vimos en Psicología Social. Fabricamos una explicación lógica a pasado pisado.
Para colmo, como ya deberíamos saber, caemos en el efecto del falso consenso. Asumimos que nuestra teoría improvisada sobre las quemaduras del tipo es la misma que sostiene toda la carpa.
Pero la mayor superstición del gremio es la Happy-Productive Worker Thesis. La tesis del trabajador feliz y productivo.
La dirección cree que un payaso contento no tira las antorchas a la grada del público.
Asumen que si te regalan una taza con frases motivacionales o ponen un futbolín al lado de la jaula del tigre, tu rendimiento se va a disparar.
Error. Confunden correlación con causalidad. Zelenski y sus colaboradores recordaron en 2008 que la satisfacción es solo un trozo de la felicidad. Estar satisfecho no provoca un trabajo impecable.
Quizá tu satisfacción viene de pasarte la jornada de charla con el vendedor de palomitas mientras la pista se hunde.
Los datos fríos destrozan el mito. El meta-análisis de Iaffaldano y Muchinsky en 1985 reveló que la correlación entre satisfacción laboral y desempeño es de un modesto r igual a 0.3
Si comparas a dos malabaristas de nivel similar, el más satisfecho solo será más productivo en el 65% de los casos. La felicidad apenas mejora la productividad un 15% por encima del puro azar.
Holtgraves y Kashima demostraron en 2008 que usamos el lenguaje para construir relatos coherentes sobre la rutina diaria. Pero si queremos que el CEO nos tome en serio, hay que bajar a la pista con datos contrastados y dejar el ilusionismo de cafetería.
Castings para trapecistas y la selección de la tropa | Ajustando las personas al trabajo
Para intentar que este circo desastroso no salte por los aires, la Psicología del trabajo se dividió históricamente en dos grandes estrategias.
Arnold y sus colaboradores las bautizaron en 2005 con dos etiquetas.
Por un lado, ajustar el trabajo a las personas.
Por otro, ajustar las personas al trabajo.
Primero nos centraremos en la segunda. La obsesión por encontrar al artista perfecto para cada número antes de que se liquide en la pista.
Esta manía de medir a la gente para colocarla en un puesto no la inventó un consultor con traje caro.
El primer precedente formal se remonta a 1575. Juan Huarte de San Juan publicó Examen de ingenios para las ciencias. Este médico y filósofo intentó clasificar las aptitudes de cada sujeto para asignarle el oficio adecuado. Quería evitar que un tipo sin equilibrio terminara haciendo malabares con cuchillos. En España nos gusta tanto la burocracia que lo nombramos patrón de la Psicología.
El salto cualitativo llegó cuando dejamos los tratados filosóficos y montamos laboratorios.
Wilhelm Wundt fundó el suyo en Leipzig allá por 1879.
De ese entorno salió Hugo Münsterberg, considerado el padre de la Psicología Industrial y de la Psicotecnia. En 1913, Münsterberg publicó Psicología y eficacia industrial. Propuso algo tan básico como evaluar a los candidatos usando situaciones simuladas. Te ponía en un trapecio de mentira para ver si te sudaban las manos antes de contratarte. Evaluaba la interacción entre la persona, la situación y los medios. Quería predecir tu comportamiento real a base de datos empíricos.
Otro alumno aventajado de Wundt fue James McKeen Cattell.
Cattell estaba convencido de que la psicología era una ciencia estrictamente cuantitativa. Su aportación estrella fueron los tests mentales. Pruebas objetivas diseñadas para medir las diferencias individuales y predecir quién produciría más por hora.
Para rentabilizar el invento, Cattell fundó en 1921 la Psychological Corporation, una compañía privada dedicada a publicar y comercializar tests psicométricos.
Pero lo que consolidó este modelo de selección masiva no fue la paz, sino la guerra. Los ejércitos necesitaban clasificar a millones de reclutas a toda prisa.
En Alemania se creó en 1925 la Wehrmacht Psychologie.
En Estados Unidos desarrollaron el famoso Test de Clasificación General del Ejército, el AGCT.
Harrell documentó en 1992 que esta prueba grupal de inteligencia se le administró a más de doce millones de soldados e infantes de marina para clasificarlos por especialidad y seleccionar oficiales.
En España no nos quedamos atrás. Leirós y Carpintero recuerdan cómo surgieron los institutos de orientación profesional en Barcelona en 1917 y en Madrid en 1925. Emilio Mira y José Germain lideraron estos centros.
Aplicaron la investigación científica al ámbito laboral y demostraron que seleccionar personal con criterio reducía las tragedias en la pista.
Si tienes altas capacidades, este enfoque histórico te resultará familiar. Es el origen de los procesos de selección estandarizados. Esas dinámicas de grupo donde te piden encajar en un perfil rígido pensado para la media. Un casting diseñado hace un siglo para que nadie cuestione la altura del trapecio.
Cambiar las redes de seguridad y ajustar los trapecios | Ajustando el trabajo a las personas
Llega un punto en que apretar a los artistas hasta que crujen deja de ser rentable.
Si cada semana se te mata un acróbata porque el trapecio está mal diseñado, el negocio quiebra por pura falta de repuestos.
Ahí es donde nace la segunda gran tradición.
Ajustar el espectáculo a las limitaciones reales del cuerpo humano. O ajustar el trabajo a la personas. Pero, ojo, ya véis que la motivación no es, precisamente, poner en primer plano a la persona, sino poder exprimirla mejor durante más tiempo
Münsterberg advirtió en 1913 la necesidad de adecuar el trabajo a la psique. No bastaba con seleccionar al tipo más duro de la comarca. Había que analizar los movimientos, la monotonía y la fatiga.
Años después, Myers, en 1937, diferenció la fatiga mental común de los resultados psicasténicos.
La fatiga mental ordinaria se cura durmiendo ocho horas tras recoger la carpa. Pero si sometes al malabarista a un sobreesfuerzo crónico, rompes su estructura psicológica. Aparece la psicastenia. Un colapso severo que no se arregla con una siesta. Exige psicoterapia para devolverle la cordura.
Wyatt y Fraser descubrieron en 1928 que la repetición constante machacaría el cerebro del trabajador más motivado. Si pones a un tipo a abrochar los botones del disfraz de payaso ocho horas seguidas, su rendimiento cae en picado. La solución fue meter cambios de actividad y pausas de descanso para dar aire a la mente.
Pero la obsesión científica alcanzó su cumbre con el matrimonio Gilbreth. Lillian y Frank Gilbreth querían exterminar cualquier movimiento inútil en la pista. Inventaron el cronociclógrafo, una herramienta con luces para fotografiar el rastro de las manos en el aire. Usaron el estereoscopio para capturar imágenes en tres dimensiones. Evaluaron desde la mecanografía hasta el empaquetado de productos.
Redujeron cada acción a unidades elementales de movimiento. Las bautizaron como therblig, que es sencillamente el apellido Gilbreth leído al revés. Si un trapecista hacía un gesto innecesario antes de saltar, eso era un therblig residual a eliminar.
Lillian Gilbreth fue la primera en defender el bienestar del trabajador dentro de la organización en la comunidad científica. Se negó a aceptar que los empleados fueran tratados como engranajes de chatarra.
La Segunda Guerra Mundial terminó de sellar este cambio de paradigma. Los nuevos tanques y aviones militares no requerían más fuerza física. Exigían una carga cognitiva brutal. El error ya no era no sujetar bien una palanca. El error era colapsar por saturación mental al mirar veinte indicadores a la vez.
De nuevo por interés, nació la Ergonomía. El término viene del griego ergon, que significa trabajo, y nomos, que traducimos como ciencia o norma. Como señala Leirós en 2009, es la ciencia del trabajo.
Dejamos de deformar la anatomía del piloto para que encajara en la cabina. Empezamos a rediseñar el panel de control para que encajara con sus capacidades perceptivas.
Si tienes altas capacidades seguro que pasas la vida intentando encajar en entornos ruidosos y mal estructurados. Soportas luces parpadeantes y procesos absurdos hasta rozar la psicastenia.
La Ergonomía, sin embargo, nos recuerda algo básico: El trapecio debe adaptarse al acróbata. Exigir que el acróbata se salte la ley de la gravedad es solo una fantasía de la dirección.
La cartelería del espectáculo y la pasión por la pista | LA PSICOLOGÍA DEL TRABAJO HOY EN DÍA
Si creías que cambiarle el nombre al circo iba a arreglar las goteras de la carpa, eres muy ingenuo. A principios del siglo pasado, a esto lo llamaban Psicología Industrial. Apestaba a fábrica de tuberías. Walther, en 1926, decidió rebautizarlo como Psicología del Trabajo.
Quería quitar ese sesgo fabril para que la etiqueta sirviera tanto para un fundidor de hierro como para un pianista arruinado. En Estados Unidos no compraron la idea y prefieren llamarlo Psicología Industrial y Organizacional, la División 14 de la APA.
Los británicos usan Psicología Ocupacional.
En Europa, la EAWOP impuso en 1983 el sello de Psicología del Trabajo y las Organizaciones.
Aquí en España, el Colegio Oficial de Psicólogos creó en 2007 la división PTORH para empaquetar de una vez por todas el trabajo, las organizaciones y los recursos humanos en el mismo cajón burocrático.
Blanch explicó en 2007 que todo este lío de nombres no es casual. El trabajo no es un mineral ni una ley física. Es una construcción social.
Alcover y sus colaboradores lo remataron en 2004. Definieron la Psicología del Trabajo como la ciencia que estudia la conducta y la experiencia laboral en tres niveles. El plano personal, el interpersonal y el organizacional.
Pero con esto y con todo, ¿por qué los artistas siguen saliendo a la pista si el sueldo apenas da para comprar alpiste a los loros?
Los famosos estudios de la lotería arrancaron con Morse y Weiss en 1955. Hicieron una pregunta simple a los trabajadores. Si ganaras dinero de sobra para vivir sin pegar un palo al agua, ¿seguirías trabajando? El 80% respondió que sí. Preferían seguir tragando serrín antes que quedarse en casa mirando al techo. Vecchio en 1980 y Highhouse en 2010 actualizaron los datos. Un 73% de los hombres y un 68% de las mujeres se quedarían bajo la carpa aunque les tocara el gordo de Navidad.
¿Y cuales son las posibles razones o motivos que nos llevan a trabajar?
Rosso y sus colegas explicaron en 2010 que enfocamos la jornada laboral de tres formas distintas.
- Está la orientación a trabajo. Aquí el empleo es un trámite molesto para pagar el alquiler y poder financiar tus hobbies los domingos.
- Luego está la orientación a carrera. Tu motor es el estatus, subir escalones en el organigrama, tener un despacho más grande y acumular poder sobre la tropa.
- Por último está la orientación a vocación. El arte por el arte. Salir a la pista porque crees que hacer malabares mejora el mundo, aunque cobres en cacahuetes.
Este circo cumple once funciones psicosociales básicas.
- Otorga sentido integrativo.
- Nos da estatus y prestigio social.
- Construye la identidad personal.
- Aporta la vía económica.
- Ofrece oportunidades de interacción social con otros lisiados del gremio.
- Estructura el tiempo diario para que no te despeñes por el aburrimiento.
- Impone una actividad regular obligatoria.
- Permite desarrollar habilidades.
- Transmite normas y valores.
- Otorga poder y control sobre datos o personas.
- Y en condiciones ideales, aporta bienestar.
Visto así podemos llegar a la conclusión de que tendríamos que pagar por trabajar. Cuando te lo envuelven así, hasta parece bonito.
Cuando tienes el cerebro cableado de manera diferente, debemos admitir que a veces esta estructura te salva de la parálisis por análisis diaria. Aunque el espectáculo lo dirigen simios borrachos.
Funciones con arte frente a trucos de magia barata | Un buen trabajo
En medio de esta carpa mugrienta surge una pregunta incómoda. ¿Qué demonios significa hacer una buena función? Gardner y sus colaboradores estudiaron esto en 2001 y lo remataron en 2007 dentro del proyecto GoodWork.
Definieron el buen trabajo como una ecuación de tres factores: excelente calidad técnica, responsabilidad ética y social, y un nivel de implicación que te enganche y se disfrute haciendo.
Cuando logras esa combinación, Csikszentmihalyi explicó en 2004 que entras en estado de flow. Es esa sensación de bienestar asociada con estar involucrado en un despliegue creativo de algo más grande que uno mismo. El malabarista entra en trance y las mazas parecen flotar solas en el aire.
Queridos cerebros cableados de manera diferente. Seguro que conocéis ese estado de flow en el proceso creativo. Ese que los fanáticos de los trastornos confunden con un síntoma de TDAH y te diagnostican mal o te endosan una doble excepcionalidad. Les cuesta entender que una cosa es quedarse atrapado involuntaria y aleatoriamente en una tarea y otra bien distinta es entrar en verdadero hiperfoco cuando disfrutas lo que realmente estás haciendo. Pero esto no entra en el examen, al menos no en el de esta asignatura.
El problema en esto del buen trabajo, aparece cuando la gerencia aprieta con los costes. Te piden recortar tiempo, meter tres pases más por tarde y abaratar las lonas de la carpa.
Ya no se trata de buen trabajo, sino de trabajo comprometido. No es un delito flagrante ni ilegal. No estás robando la taquilla de noche. Es el truco de la mujer invisible hecho con un espejo sucio para salir del paso. Es el fontanero del circo que usa tuberías de plástico barato que van a reventar en dos semanas, o el abogado que crea oportunidades para facturar horas extras. Socavas los valores fundamentales de tu oficio por pura presión financiera.
Para evitar este fraude existe la alineación. Ocurre cuando los estándares del artista, los objetivos de la gerencia y las expectativas de los stakeholders o partes interesadas apuntan exacto hacia el mismo sitio.
La alineación reduce el conflicto, la incertidumbre y la confusión. Tres venenos que pudren la pista.
Martin Luther King resumió esto del buen trabajo en que si un hombre es llamado a ser barrendero, debería barrer las calles como Miguel Ángel pintaba, o como Beethoven componía. Y Margaret Mead añadió que nunca dudes del poder de un pequeño grupo de personas comprometidas para cambiar el mundo.
Aquí entra en juego el modelo científico-profesional. Este enfoque nació en la Conferencia de la APA en Boulder en 1949, originalmente en la Psicología Clínica, y se adoptó en la Psicología del Trabajo como un modelo para el ámbito profesional.
La ciencia y la práctica profesional no son dos trapecistas peleados en el camerino. Se alimentan en una relación recíproca. El profesional busca en la literatura científica orientación para lograr lugares de trabajo eficaces y saludables. Y el científico sigue las indicaciones de los profesionales a la hora de identificar cuestiones relevantes para mejorar el desempeño y el bienestar.
Rupp y Beal propusieron en 2007 un triple enfoque para este modelo.
Primero, tratar los temas que son realmente importantes.
Segundo, medir los resultados que son importantes en múltiples niveles de análisis.
Y tercero, compartir los conocimientos adquiridos de forma eficaz.
El domador que decide montar su propio circo ambulante | Trabajo por cuenta propia: emprendimiento
Como esto del buen trabajo suena a utopía, llega un momento en que el domador se cansa de los gritos del dueño de la carpa. Se compra un remolque de segunda mano, recluta a dos payasos tristes y decide montar su propio circo ambulante. Eso es el emprendimiento.
Gartner analizó esto en 1989 y tras revisar decenas de estudios confusos, concluyó que si queríamos entender el emprendimiento dejáramos de teorizar sobre la personalidad del sujeto y nos fijáramos en lo que hace: crear una nueva organización o empresa. Levantar una carpa desde cero.
La Real Academia Española lo define como acometer una obra que encierra dificultad o peligro. Y en el ámbito laboral, el peligro suele ser arruinarse antes de levantar la lona.
En nuestro entorno legal, la Ley 14/2013 de apoyo a los emprendedores incluye a cualquier persona física o jurídica con actividad económica.
Pero la Ley 20/2007, el Estatuto del Trabajo Autónomo, aprieta más el nudo. Exige que trabajes de forma habitual, personal y directa fuera del ámbito de dirección de un tercero.
Blanchflower nos aclaró en 2000 que el autoempleo es simplemente la forma más elemental de emprender. Si eres psicólogo y abres tu gabinete, eres tu propio trapecista y tu propio limpiajaulas.
Pero no todos se van del circo viejo. Baena-Luna y García-Río estudiaron en 2021 el intraemprendimiento o emprendimiento corporativo. Es ese acróbata que no abandona la plantilla, pero inventa un salto mortal nuevo dentro de la empresa.
Mair y Martí diferenciaron en 2006 el emprendimiento comercial, centrado en llenar la caja registradora, del emprendimiento social, orientado al bienestar de la comunidad.
Van der Zwan y sus colegas explicaron en 2016 la brecha entre la motivación por necesidad y por oportunidad. El primero emprende porque no encuentra otro circo donde actuar. El segundo lo hace porque ha descubierto un pueblo sin espectáculos de ocio.
Thorgren y su equipo analizaron en 2014 el emprendimiento híbrido. Haces malabares por la mañana por cuenta ajena y por la noche vendes algodón de azúcar en tu puesto propio. Es la fase de prueba.
Pero el mercado tiene una cara amarga. Moore y Newsome en 2018, junto a Thörnquist en 2015, denunciaron el autoempleo involuntario y el falso autoempleo. Es la precarización de los repartidores y la economía de plataforma. Böheim y Muehlberger recordaron en 2006 que esta trampa te quita las vacaciones pagadas, la protección por despido y el salario mínimo. Eres un artista en la pista pero cobras como si recogieras los desperdicios.
La economía de Schumpeter en 1934 y la sociología de Weber en 1905 sentaron las bases del fenómeno del emprendimiento.
Pero la psicología entró pisando fuerte con David McClelland en 1965. McClelland midió la motivación de logro en universitarios. Catorce años después confirmó que los tipos con alta necesidad de superar retos habían terminado creando sus propios negocios.
Frese y Gielnik en 2014, junto a Zhao y su equipo en 2010, perfilaron los rasgos del emprendedor. Destacan la autoeficacia, la personalidad proactiva, la autonomía, la tendencia a innovar, la tolerancia al estrés, la tenacidad, la pasión y el locus de control.
Gorgievski y Stephan destacaron en 2016 que la cognición y las emociones son el motor actual de la investigación.
Si eres una cebra con altas capacidades, esta vía te atrae por pura desesperación. Prefieres arriesgarte a que la lona se te caiga encima antes que soportar a un gerente mediocre que te dice a qué velocidad debes columpiarte en el trapecio.
Espectáculos por hologramas y viejos magos que adaptan sus trucos | Tecnologías de la Información y la Comunicación aplicadas a la Psicología del Trabajo
Si montar tu propia carpa suena agotador, espera a ver cómo la tecnología intenta digitalizar la pista.
Imagina que en nuestro circo, el jefe de pista decide sustituir al domador por una pantalla de plasma. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación, las TIC, han invadido hasta la última esquina.
Ekka y Margherita analizaron en 2021 cómo la digitalización trajo la Inteligencia Artificial, la analítica de datos, el HRIS o Sistema de Información de Recursos Humanos, y el e-HRM, la gestión electrónica de personal. Ahora un algoritmo decide si el payaso sonríe con el ángulo correcto antes de renovar su contrato.
La estrella de esta invasión digital es, por supuesto, el teletrabajo.
Tenailleau y su equipo recordaron en 2021 que enviar a los acróbatas a entrenar a sus casas reduce la contaminación de los desplazamientos.
Delanoeije y Verbruggen demostraron en 2020 que, en los días de teletrabajo, la tropa experimenta más engagement, mayor rendimiento y menos conflicto entre la vida familiar y el circo.
Ollo-López y sus colaboradores explicaron en 2021 que la implantación depende de factores individuales como la cualificación, factores organizacionales como el empoderamiento, y factores macro como la regulación del país.
Todo ventajas, aunque claro, los amantes del calentamiento de sillas no soportan la visión de sus empleados calentando otra silla que no sea la suya y entran en un estado de disonancia cognitiva que les hace explotar la cabeza.
Entonces llegó la pandemia. La OIT declaró en 2020 que vivimos el experimento masivo de teletrabajo más extenso de la historia. El INE registró en España un salto brutal. Pasamos de un 14,8% de empresas teletrabajando a un 48,8% durante el estado de alarma.
Pero parece ser que mandar al trapecista a saltar en el salón de su casa sin red ni espacio no siempre funciona. Miglioretti y su equipo advirtieron en 2021 que no todo el teletrabajo es valioso. Exige tres dimensiones de calidad: lugares de trabajo ágiles, trabajo flexible y liderazgo virtual.
Pero por muy buena que sea la digitalización, tienes una cara oculta.
Nisafani en 2020 y Salanova en 2007 le pusieron nombre a las nuevas patologías.
El tecnoestrés es ese estado psicológico negativo por exceso de pantallas.
La tecnofatiga es el agotamiento mental de responder mensajes del jefe a las tres de la mañana.
La digitalización ha borrado las fronteras entre la vida personal y laboral.
Ahora veamos que es lo qué pasa con los magos veteranos cuando aumenta la esperanza de vida y la jubilación se retrasa.
Aquí entramos en la carrera tardía. Zacher y Kooij plantearon la necesidad de redefinir el retiro.
Para sobrevivir al paso de los años, Baltes y Baltes propusieron en 1990 el modelo SOC: Selección, Optimización y Compensación. Segura-Camacho y su equipo lo detallaron en 2018.
El trapecista mayor aplica la Selección renunciando a los saltos mortales cuádruples para centrarse en trucos menos lesivos.
Optimiza sus recursos entrenando lo elegido.
Y usa la Compensación mediante tecnología o apoyos para suplir la pérdida de fuerza física.
La otra herramienta clave es el Job Crafting o moldeado del puesto. Bakker y Demerouti en 2017, junto a Llorente-Alonso y Topa en 2019, lo definen como la conducta proactiva para alterar las tareas y percepciones del trabajo. Kooij y sus colegas destacaron en 2015 tres tipos para veteranos: crafting de adaptación, de desarrollo y de utilización de competencias.
Si queréis saber más sobre esto del Job Crafting como una gran vía de escape cuando tienes el cerebro cableado de manera diferente, pasaros por el canal de Youtube de Diario de una cebra
Resumen Teoria
Pausa. Apagamos los focos de la pista por un segundo. Dejemos la fusta de jefe de pista sobre la mesa para coger aire. Se nos ha metido demasiado serrín conceptual en los pulmones. Pero la teoría se ha acabado.
Recapitulemos todo el invento antes de pisar suelo firme. Empezamos enterrando el viejo tufo de la Psicología Industrial para abrazar la Psicología del Trabajo. Vimos que esta carpa no se sostiene sobre refranes rancios ni sobre la trampa del payaso feliz. Estar satisfecho solo explica un quince por ciento de la productividad real. La correlación jamás fue causalidad.
Repasamos las dos grandes obsesiones históricas de la gerencia. Primero, la tradición de ajustar las personas al trabajo. Esa manía de pasarnos tests mentales y castings estandarizados para encajarnos en el puesto a martillazos. Segundo, la tradición de ajustar el trabajo a las personas. Un intento de rediseñar los trapecios, medir los therbligs y evitar que la fatiga se convierta en una psicastenia irreparable.
Analizamos por qué seguimos saliendo a la pista. Desgranamos la orientación al trabajo para pagar el alquiler, la orientación a la carrera para coleccionar galones de estatus y la orientación a la vocación para los suicidas que actúan por amor al arte.
Y lo empaquetamos todo bajo el modelo científico-practicante. Esa alianza donde los datos de laboratorio le dicen al gestor del circo cómo evitar que la función termine en desastre.
Finalizamos el viaje viendo como la tecnología se junta con el trabajo para facilitar el teletrabajo y la retirada de los mayores.
Creo que toda la teoría está cubierta. Ahora toca quitarse el maquillaje y traducir todo esto a la realidad de vivir con un cerebro demasiado intenso metido en una carpa diseñada para la media.
Hablemos de ti. Si te han diagnosticado altas capacidades o vives sospechando que tu cerebro funciona con una intensidad extravagante, ya te habrás reconocido en este caos. Hoy he usado la metáfora del circo decadente para explicar la teoría sin que te duermas. Pero quitémonos la chaqueta de jefe de pista. Miremos la realidad cruda.
En este espectáculo, tú eres ese mago capaz de diseñar diez trucos invisibles antes del almuerzo. El problema empieza cuando la gerencia te exige pasar el resto de tu vida sacando el mismo conejo de peluche de la misma chistera. Ocho horas al día. Cinco días a la semana.
Ahí es donde la Psicología del Trabajo se convierte en tu pesadilla personal.
Cuando entraste en la empresa, te aplicaron la primera gran tradición histórica. Ajustar la persona al trabajo.
Te sometieron a tests psicométricos estandarizados. Te evaluaron con la lógica de la vieja Psicología Industrial del siglo pasado. El sistema no buscaba tu talento. Buscaba medir tu nivel de docilidad.
Querían comprobar si encajabas en el molde rígido de un puesto diseñado para la media. Como tu rendimiento inicial fue brillante, creyeron que habían contratado a una máquina perfecta.
Ahí empezó la tragedia. Tú llegaste al puesto con una clara orientación a la vocación. Querías implicarte. Querías resolver problemas complejos. Querías rozar el estado de flow haciendo algo útil para el mundo.
Pero la organización no sabe qué hacer con la vocación. La organización solo entiende la orientación a la carrera. Te ofrecieron ascender. Te prometieron un cargo más vistoso a cambio de hacer política de pasillo y tragar con reuniones inútiles.
Tú rechazaste ese juego porque el postureo corporativo te produce urticaria. ¿El resultado? Te castigaron. Te arrastraron a la fuerza hacia una simple orientación al trabajo. Te redujeron a un tipo que cumple el expediente con asco para pagar la hipoteca. Guardas tu intensidad para tus proyectos personales fuera de la oficina.
Eso ocurre porque el sistema se niega a aplicar la segunda tradición. Ajustar el trabajo a las personas. Nadie diseña el puesto pensando en tus necesidades. Nadie aplica la ergonomía cognitiva a tu mesa.
Llevas meses pidiendo automatizar un informe ridículo que a ti te lleva cuatro minutos con un script de código. Tu jefe se niega. Te exige rellenar las casillas de Excel a mano porque a él le gusta ver a la gente ocupada.
Ese absurdo destruye tu salud mental. No sufres una fatiga física por cargar sacos. Sufres una fatiga mental por subestimación crónica. Un desgaste que desemboca directo en la psicastenia. Te agotas por tener que frenar tu cerebro para no incomodar al resto de la tropa.
El modelo científico-practicante demuestra que el trabajo opera en tres planos. El personal, el interpersonal y el organizacional. En tu vida, los tres chocan de frente. Tu plano personal exige retos. Tu plano interpersonal sufre fricciones porque la gente odia que detectes la falla del trapecio antes de que el acróbata caiga. Y tu plano organizacional se resume en una estructura rígida que castiga la innovación.
No estás loco. Tu cerebro simplemente no soporta la farsa del payaso feliz ni el teatro de la productividad hueca. Entender todo esto no va a arreglar a tu jefe. Pero te dará la precisión para saber exactamente qué engranaje te está aplastando.
Despedida
La función ha terminado. Recogemos los trastos, limpiamos el serrín de la pista y apagamos los focos hasta la próxima función. Puedes quitarte el disfraz de trapecista o la nariz de payaso triste. Pero cuando cruces la puerta de la carpa y subas a tu coche, recuerda un detalle incontestable.
Te vas a morir. Yo también, por supuesto. En el fondo todos vamos a morir.
El tiempo no se congela mientras esperas a que el CEO rediseñe las condiciones de tu puesto. Tu vida no está en pausa mientras aguantas dinámicas de grupo estúpidas o rellenas casillas de Excel diseñadas en el siglo pasado. Cada hora que pasas frenando tu intensidad mental para no asustar a un mando intermedio mediocre es una hora que jamás vas a recuperar.
Si estudias en la UNED, usa esta teoría para destrozar el examen. Aprueba, saca el título y cumple el trámite. Pero no olvides la lección real. La Psicología del Trabajo no nació para que te resignes al absurdo. Nació para entender las triquiñuelas de una estructura que prefiere un engranaje obediente antes que un talento encendido.
Si eres un adulto neurodivergente agotado de pelear contra trapecios defectuosos, deja de culparte. Tu cerebro no está roto. El problema es que intentas desplegar una vocación auténtica en una carpa construida para el postureo de escalafón y el cobro a fin de mes.
El tiempo se agota. No malgastes tus mejores años haciendo malabares con cuchillos desafilados solo porque te da pánico saltar de la pista.
Si necesitas más herramientas o quieres profundizar en esta teoría densa sin los edulcorantes de la autoayuda rancia, entra en diariodeunacebra.com. Allí tienes más material para entender tu propia intensidad y hackear el sistema antes de que el espectáculo termine del todo.
Quítate la pintura de la cara. Toma el control de tu función. Y recuerda que la vida es demasiado corta para pasársela entreteniendo a un público que ni siquiera te mira. Nos vemos en el próximo tema: La estructura y el diseño del trabajo. Visitaremos uno de los clásicos de diario de una cebra: las tripas de un gigantesco centro logístico automatizado en plena campaña navideña ¿Qué puede salir mal?
Muchas gracias por tu compañía












