Querido Diario:
Son las 04:17 de la mañana. Técnicamente es lunes, pero mi Departamento de Energía Psicomotora insiste en que la noche es joven. Estoy sentado en el suelo del salón, rodeado de: tres manuales de aprendizaje de japonés, un kit de reparación de relojes antiguos (a medio abrir), un lienzo en blanco y mi portátil con 47 pestañas abiertas.
Si la policía entrara ahora mismo, pensaría que estoy planeando un robo internacional muy complejo o que he perdido el juicio. La realidad es más triste: he tenido un «ataque de potencial».
Tú sabes de qué hablo, Diario. Es ese momento eufórico, casi maníaco, en el que tu cerebro conecta puntos invisibles y decide que hoy es el día. Hoy no solo vamos a vivir; hoy vamos a trascender. ¿Por qué conformarse con ser un empleado administrativo cuando tienes la capacidad cognitiva para aprender astrofísica en un fin de semana?
El problema, como siempre, no es la capacidad. Es la ejecución. O mejor dicho, el tráfico.

El Motín de los Departamentos (Otra vez)
Todo empezó inocentemente a las 10:00 AM. Me sentía estancado (esa sensación de «Dabrowski Nivel 2», crisis existencial ). Mi mente me dijo: «Necesitamos un hobby. Algo que nos llene».
Grave error. Abrí la caja de Pandora.
- El Departamento de Curiosidad Sin Límites (Intelectual) gritó: «¡Japonés! Es un sistema lógico fascinante. Kanji, Hiragana… ¡piensa en la neuroplasticidad!».
- El Departamento de Imaginación interrumpió: «¡No! Escribamos una novela. Tengo la trama: un futuro distópico donde la gente paga impuestos con recuerdos. ¡Es un bestseller!».
- El Departamento Sensorial susurró: «¿Y la música? Siempre quisimos tocar el violonchelo. Imagina la vibración de la madera contra el pecho. La resonancia grave…».
En una mente normal (lineal), se elige una cosa. Se prioriza.
En mi mente, que funciona como una empresa con exceso de presupuesto y falta de dirección, se decidió hacer TODO A LA VEZ.
El Mito de la Especialización
Vivimos en un mundo que adora a los especialistas. Desde pequeños nos preguntan: «¿Qué quieres ser de mayor?». En singular. Como si tuvieras que elegir entre ser astronauta o poeta. Nadie te dice que puedes ser un astronauta que escribe haikus sobre la soledad del vacío.
Falk y Miller hablaban de ese «combo» de sobreexcitabilidades como un truco de videojuego. Pero se les olvidó mencionar que tener todos los trucos activados a la vez suele bloquear la consola. Mi drama es la Multipotencialidad. Tengo la capacidad de aprender casi cualquier cosa rápido, lo que significa que me aburro igual de rápido.
La curva de aprendizaje es mi droga. Me encanta el inicio: la subida rápida, el entender cómo funciona un sistema. Pero en cuanto llego a la meseta, a la parte de «practicar 10.000 horas para ser maestro», mi cerebro dice: «Aburrido. Siguiente, por favor».
La Culpa del «Podría ser…»
Y aquí, rodeado de este caos de proyectos iniciados y abandonados en cuestión de horas, aparece la sombra oscura. La culpa.
Miro los libros de japonés y pienso: «Nunca los terminarás».
Miro el lienzo y pienso: «Nunca serás Picasso».
Es la maldición del potencial. Cuando te dicen toda la vida que eres «inteligente» y que «puedes hacer lo que quieras», el mensaje implícito que grabas en tu disco duro es: «Debes hacer algo grande. Si no cambias el mundo, has fracasado».

Mi Departamento Emocional se pone la toga de juez:
—Mira este desastre. Tienes 30 y tantos años. A tu edad, Einstein ya tenía la Relatividad. Tú tienes un kit de relojes que no sabes usar y un dolor de espalda.
—Pero… —intenta defenderse el creativo.
—¡Silencio! —grita el juez—. Eres un disperso. Un «Jack of all trades, master of none».
Esa voz duele. Duele porque sé que es verdad a medias. Tengo un cementerio de «yos» que nunca llegaron a nacer. El Yo Pianista, el Yo Programador, el Yo Escritor. Todos abortados porque apareció algo nuevo que brillaba más.
La Cebra no es un Caballo Defectuoso
Pero espera. Respiremos (respirar también cuenta como actividad ).
Estoy releyendo a Dabrowski entre las ruinas de mi salón. Él decía que estas crisis, esta «desintegración», son necesarias para llegar a la Integración Secundaria (Nivel 5, el modo Gurú/Yoda ). Quizás mi objetivo no es «producir» algo tangible. Quizás mi «producto» soy yo mismo.
¿Y si mi especialidad es, precisamente, no tener especialidad?
¿Y si mi superpoder es la síntesis?
Puede que no escriba la novela, ni toque el violonchelo en la filarmónica, ni traduzca manga. Pero el hecho de haber explorado la estructura del japonés me ayuda a entender la lógica de programación. Y la sensibilidad musical me ayuda a escribir con mejor ritmo. Todo se conecta. Mi mente es un tejido, no una línea recta.
No soy un caballo de carreras que corre en línea recta hacia la meta. Soy una cebra haciendo zigzag por la sabana para evitar a los leones. Y el zigzag, aunque parece ineficiente, es lo que me mantiene vivo (y entretenido).
Herramienta: El «Prototipo Mínimo Viable de Felicidad»
Para salir de este bloqueo (y poder irme a dormir antes de que salga el sol), voy a aplicar una nueva norma corporativa en mi cerebro. La llamaré el Protocolo de la Muestra Gratuita.
A partir de ahora, mi curiosidad tiene permiso para «probar» cosas, pero no tiene la obligación de «casarse» con ellas.
- ¿Puedo estudiar japonés una tarde? Sí.
- ¿Tengo que comprometerme a ser bilingüe en 3 años? No.
- ¿Puedo pintar un cuadro horrible hoy? Sí.
- ¿Tengo que exponer en el Louvre? No.
Bajar la barra. Quitarle el peso de la «Excelencia» a la curiosidad. Jugar por jugar. Recuperar al niño que investigaba bichos no para ser biólogo, sino porque los bichos eran guays.
Al final, Diario, la vida es corta y absurda. Dentro de cien años, a nadie le importará si terminé el curso de relojería. Pero a mí me importa cómo me siento ahora. Y ahora mismo, tras este monólogo interno, me siento un poco menos culpable y un poco más… divertido.
Soy un explorador de lo inútil, un curador de curiosidades. Y eso tiene su propia dignidad.
Por cierto, mientras tenía esta epifanía y decidía recoger todo este desorden para irme a la cama en paz… mi mirada se ha cruzado con el kit de relojes.
Solo por curiosidad, he probado a girar ese tornillito minúsculo que se me resistía hace tres horas.
Click.

El mecanismo ha encajado. El viejo reloj de bolsillo de mi abuelo, que llevaba roto veinte años, ha empezado a hacer tic-tac.
El sonido es hipnótico. Rítmico. Perfecto.
El Departamento Sensorial está llorando de emoción.
El Departamento Intelectual quiere saber por qué ha funcionado.
El Departamento Imaginativo ya está visualizando una tienda de reparaciones mágicas.
…Mierda.
Son las 04:30.
Creo que me voy a hacer un café. Hoy no se duerme. Hoy se reparan relojes.
Hasta mañana (o hasta luego),
Tu Cebra Insomne.
📚 REFERENCIAS Y RECURSOS
- Dabrowski, K. (1964). Positive Disintegration. Little, Brown & Co. (Texto base sobre cómo el conflicto y la ansiedad son motores de crecimiento). Enlace al libro
- Falk, R. F., & Miller, N. B. (2009). The Overexcitability Questionnaire–Two (OEQII). Enlace al libro
- Fredrickson, R. H. (1979). Career development and the gifted. In N. Colangelo & R. T. Zaffrann (Eds.), New Voices in Counseling the Gifted. (Aborda el concepto de multipotencialidad y la dificultad de elegir carrera). Enlace al artículo
- Mendaglio, S. (2008). Dabrowski’s Theory of Positive Disintegration. Great Potential Press. (Recurso moderno que explica los niveles de desarrollo y la «personalidad multinivel»). Enlace al libro








