Vives con el volumen al 11.

No estás rot@. Solo procesas la realidad en estéreo en un mundo configurado en mono.

¿Acabas de llegar? Empieza por aquí: El itinerario de 7 días para entender tu hardware mental.

Nota antes de que entres en mi cabeza:

Lo que vas a leer a continuación es un híbrido. La parte teórica —el análisis, la biología y los conceptos sobre el hardware mental— es rigurosamente real. Sin embargo, la narrativa, las anécdotas y los personajes son una licencia literaria.
He disfrazado la realidad de ficción para que la verdad sea más fácil de digerir (y porque a veces es la única forma de reírnos de nuestra propia intensidad sin que parezca una tragedia).

Advertencia: Cualquier parecido con tu realidad... probablemente no sea coincidencia.

La amígdala del cuñadísimo. Cada dia que amanece

Querido diario,

Cada día que amanece el número de tontos crece. Y hay ocasiones que lo hace exponencialmente

Ya sé que he estado mucho tiempo sin aparecer por aquí a contarte secretillos de cómo funciona ese cerebro tan particular que tenemos algunos.

En realidad he divulgado todos esos secretos, diseccionando uno a uno los temas de psicología del Aprendizaje y de psicología de la Emoción.

Entender cómo se moldea nuestra conducta o cómo se disparan los mecanismos más elementales de supervivencia es algo que debería conocer todo el mundo.

Pero se torna mucho más importante cuando el rango de estímulos que procesas es más amplio que el resto. Logras entender porqué te hace falta un menor número de ensayos para aprender o porqué tu tálamo está esclavizado al servicio de tu supervivencia

Prometo que tenía pensado volver a tus páginas para recuperar la rutina antes de meterme de lleno con la Psicología Social. Ya sabes, esa en la que escojo una situación paradójica,real o ficticia, le doy un par de vueltas en la sartén y la sirvo cortada en pedacitos, lista para consumir.

Pero me ha sido imposible. Hay impulsos que, una vez han pasado por la corteza prefrontal y han vuelto a la amígdala, se refuerzan en la primera y me llevan a ejecutar una acción de esas del repertorio básico de todo ser humano: lucha o huída. 

Y cuando leí el artículo de Iñako, contuve a la amígdala, esperé al dictamen de la corteza prefrontal y decidí, voluntariamente que hay que luchar. 

Reconozco que hace unos años, diario, esto habría sido un vídeo incendiario, ciscándome en todo el árbol genealógico de ese nuevo columnista deportivo que aspira a opinar de todo y de todos. Una lucha al más puro estilo amígdala: visceral. Pero ciertos acontecimientos me enseñaron a confiar más en la corteza prefrontal que, aunque lenta, funciona bastante mejor en los casos en los que no hay un peligro inminente y mortal. Y esta, es una de esas ocasiones

Ahora ha sido en el periódico El Mundo, que un día llegué a tener por medio serio. El caso es que el bueno de Iñako, desde su columnita, se ha puesto a repartir carnets de gilipollas.

Supongo que haya visto uno de los últimos fracasos del cine español, ese largometraje titulado Altas Capacidades. Por suerte aún nos queda Torrente. O se haya subido a la ola del periodismo barriobajero de la sexta o Antena 3.

Lo que sí que tengo meridianamente claro es que no ha esperado a la valoración de su corteza prefrontal.  O quizás, esta aún no haya alcanzado el nível óptimo de desarrollo esperado para un adulto. O es que vive en un nivel de alerta permanente porque tiene un autoconcepto de sí mismo como ser humano inferior al resto y eso le hace pasarse el día buscando amenazas por todas partes.

Y ya se sabe, si buscas amenazas, las acabas encontrando porque todo te parece una amenaza.

¿Y quién responde ante las amenazas? Pues la amígdala que es la experta responsable del área. Sin ella seríamos carne de cañón, muertos en vida.

El bueno de Iñako, seguramente tras años de experiencia en la sección deportiva, ha desarrollado una habilidad sensacional para generalizar. Lo malo de generalizar es que te impide apreciar los detalles que aporta la discriminación.

Pero claro, estoy convencido que, desde pequeño, le han inculcado que la discriminación es mala. Por eso, cuando escucha la palabra discriminar olvida que es un término polisémico. Y se centra en que discriminar es dar un trato desigual. Y olvida que discriminar también hace referencia a la capacidad de reconocer las diferencias entre dos o más cosas. Y el tío termina discriminando, es decir, dando un trato desigual por ser incapaz de discriminar y reconocer y asumir las diferencias.

Así que se pone a repartir estopa a los de siempre: los padres de niños con altas capacidades.  Y lo deja muy claro al finalizar su artículo:

“Sinceramente, no sé si tu hijo será muy inteligente, pero puedo afirmar sin género de dudas que tú eres gilipollas”

Es lo que tiene la generalización, que mete a todos en el mismo saco. Por eso yo prefiero discriminar. De lo contrario, tras leer los artículos de Iñako Diaz-Guerra y de Rafa Cabeleira, mi conclusión sería que todos los columnistas deportivos son gilipollas. O malas personas. O víctimas de su amígdala. O poseedores de una corteza prefrontal no desarrollada al nivel de un adulto funcional de la especie Homo Sapiens Sapiens.

Es lo que tiene la generalización, que mete a todos en el mismo saco

Dos sujetos con estas características no pueden definir a una categoría de personas como son los periodistas deportivos. No puedes meter a todos en el mismo saco.

Pero Iñako, sigue generalizando y nos va metiendo en el saco con perlas como esta:

Tienen a los niños para presumir como hace 10 años fardaban de coche mientras los demás pensábamos que hay que ser tolai o coleccionar complejos para gastarse el dinero en un BMW pudiendo tener cualquier otro, llegar a los mismos sitios y salir a cenar sin racanear al pedir raciones.

Ponen a los hijos a competir como si fueran galgos y no hay frase que se repita más: «El mío tiene altas capacidades».

¿Podemos usar la conducta de Iñako o de Rafa para meter en el mismo saco a todos los periodistas deportivos? No. Porque seguro que hay muchos más que cuentan con una corteza prefrontal desarrollada acorde a su edad cronológica. Y esos que, no debemos olvidar, viven en la misma sociedad que Iñako y Rafa, la utilizan para discriminar. Seguro que han vivido las mismas o similares experiencias que nuestras dos víctimas amigdalianas. Pero, a diferencia de ellos, cuentan con un equipamiento que les permite afinar la discriminación y llegan a aceptar que existe un 10 % de la población mundial que tiene un cerebro que procesa de una manera diferente. Y aunque les cueste imaginar como es eso, no cuestionan la ciencia. Aunque jamás puedan experimentar lo que eso significa, aceptan todos los estudios científicos.

Porque los estudios científicos hablan el lenguaje de la corteza prefrontal. Un lenguaje racional.  Pero Iñako y Rafa se manejan mejor en el mundo emocional. El miedo y la ira son sus  intérpretes de la realidad. No así la vergüenza y la culpa, que requieren que entren en juego la capacidad de analizar tus acciones y atribuirlas a lo que has hecho o a lo que eres en realidad.

Si alguien quiere más información esto está en el tema  9 de Psicología de la Emoción que habla de las emociones autoconscientes. Si le echas un ojo entenderás que cuando tienes los filtros sin desarrollar tienes muchas papeletas para acabar cayendo en el hubris, como Iñako y Rafa. El hubris es esa emoción que te embarga cuando lo que haces es un éxito y decides que lo has logrado porque eres un ser superior. Te coloca en un pedestal del que no quieres bajar.

Vamos terminando que si no, pasa lo de siempre.

Pero antes, la rabiosa actualidad me obliga a insertar una breve advertencia, querido diario. Porque me sorprende negativamente, aunque entiendo a los que lo hacen porque están en una continua búsqueda de culpables. 

Y ocurre lo que le ocurre a cualquiera, que cuando buscas culpables, encuentras culpables por todos lados. Y cuanto más culpables encuentras, más te cuesta elegir al verdadero. Y esa obsesión con encontrar culpables te lleva a confundir a uno de los culpables con un aliado. 

Están apareciendo comentarios de padres de niños con AACC que aplauden el artículo y atribuyen a una falta de comprensión lectora las reacciones. Yo les invito, porque supongo que si tienen niños con AACC sepan ya que hay un componente hereditario y sean conscientes de que es muy probable que la configuración cerebral de sus retoños haya salido de algún sitio, a que hagan un esfuerzo de análisis. El hecho de que el bueno de Iñako, con su formación deportiva, señale con su pluma acusadora a un perfil determinado de presuntos padres con presuntos hijos con Altas Capacidades no es para aplaudir por mucho que coincida tangencialmente con tu colección de culpables.

Cuando aplaudes, refuerzas conductas como la de Iñako, la de Rafa Cabeleira, la de Natcher, la del señor director del Faro de Vigo y la de los creadores de la dichosa peliculita. Y al reforzar conductas de generalización y además haciéndolo desde dentro, provocas que se repitan y se intensifiquen. Las conductas se reproducen y se amplifican con lo que el número de expertos en altas capacidades atacando se multiplica. 

Espero haberlo explicado bien, pero ya avisé que era necesario hacer un esfuerzo de análisis discriminativo. Por resumir: no déis de comer al troll.

No, tu hijo no tiene altas capacidades (pero tú eres un flipado)

Ahora sí, vamos terminando. Querido diario, he dejado lo mejor para el final, el título de su columna: 

No, tu hijo no tiene altas capacidades (pero tú eres un flipado)

Ese es el titular de la versión digital. La dirigida a un público concreto en un entorno determinado

En la versión escrita, es más serio:

NO, SU HIJO NO TIENE ALTAS CAPACIDADES

Imagino al responsable diciéndole al bueno de Iñako que lo raquero de su titular no encaja en la sobriedad del papel y que es mucho mejor reservarlo para captar suscriptores dispuestos a pagar todos los meses por acceder a un contenido de tanta calidad como el suyo. Estoy convencido de que el título original es el de la versión digital. Es más emocional, más directo, más puro. No hay raciocinio lógico que lo ensucie. Su calidad está a la altura del contenido al que precede. 

Aunque no lo lea y esto se quede en la intimidad de este particular diario, no puedo despedirme sin dedicarle unas palabras al gran Iñako. Y además voy a hacer el esfuerzo de dirigirme a él en su mismo lenguaje. Quién sabe, igual lo logre y pueda dirigirme a su amígdala sin que la corteza prefrontal intervenga las comunicaciones. Vamos a intentarlo

 

Querida amígdala de Iñako Diaz-Guerra.

Sé que llevas tiempo observándome. Además seguro que crees que has visto a muchos como yo. Improbable. Si conoces en profundidad a 200 personas, entonces me callo.

Tranquila amígdala, no voy a hablarte de la campana de Gauss ni del cociente intelectual ni de percentiles ni de inteligencia. Se que son términos que no están en tu vocabulario. Lo tuyo es el trabajo eficiente. Poner a salvo a Iñaki de todas las amenazas que lo rodean para tratar de intentar que mañana sea otro día.  Y haces bien tu trabajo, la mejor prueba es el artículo que Iñako ha escrito porque no lo ha atropellado ningún flipado con su BMW fardón de esos que te dan tanto asco.

No te voy a hablar en lenguaje técnico, lo voy a hacer usando un símil deportivo. Haz un esfuerzo, recuerda cuando escuchaste las palabras del redactor: 

Iñako calienta que sales. La penúltima del viernes ocho de Mayo es para tí que no tenemos a nadie. 

Lo primero que pensaste ¿Es una amenaza directa e inmediata? No, no es una amenaza directa ni inmediata. No hay que activar ni la lucha ni la huida.

Pero, inmediatamente, en tu afán de buscar amenazas, viste otra: hay gente que se empeña en ser diferente. Lo diferente es malo. Recuperaste la imagen de los flipaos del BMW. No es justo que exista gente así. La uniste con la película y las noticias de la Sexta y Antena 3. Y la diferencia se convirtió en amenaza.

Ante esa amenaza te preguntaste ¿puedo hacer algo? Y después de evaluar tu capacidad de respuesta, decidiste que si. Podías luchar contra la injusticia y dar su merecido a todos esos que se creen más que los demás. No reflexionaste sobre la posibilidad de que seas tú el que se cree menos y por eso los ves de esa manera. Porque reflexionar no forma parte de tu repertorio, amígdala. Y eso no es malo, no se puede pedir a un guardameta ¿se sigue diciendo así? que regatee a todos los contrarios.

Así que, ocurrió lo inevitable. Ante una amenaza o injusticia en la que puedes hacer algo para luchar, enciendes la ira. Ya sé que no sientes culpa, que para eso hay que etiquetar tus actos como fracasos y sentir empatía para tratar de reparar el daño. Tú querías hacer daño. Así que tu columna es un éxito. No hay sitio ni para la culpa ni para la vergüenza. 

Una vez que tienes claro que tu conducta y tu columna son un éxito llega la siguiente pregunta. ¿Es algo que he hecho o es lo que yo soy? 

Y la contestaste con toda la sinceridad del mundo. No has hecho nada fuera de lo normal, no has investigado, no has contrastado si tu percepción es la realidad. Has hecho lo de siempre, generalizar. Así que si no has hecho nada especial y has tenido un éxito solo puede ser por una cosa: “eres la leche” “El no va más” Cuando te hicieron se rompió el molde.

Y eso tiene un nombre: hubris, con hache y con i latina. 

Ese es tu relato querida amígdala de Iñako.

Hubris hybris

Y sabes lo mejor, que después de permitir que mi corteza prefrontal intervenga en el proceso, los dos hemos llegado a la misma y exacta conclusión:

 

Sinceramente, no sé si tu hijo será muy inteligente, pero puedo afirmar sin género de dudas que tú eres gilipollas

 

Y para que veas que esto no es fruto de la ira desatada por mi amígdala, te regalo unas reflexiones de mi corteza prefrontal:

  • Tener altas capacidades no significa sacar dieces en todo, muchas veces es justo lo contrario
  • El sistema educativo penaliza la diferencia en lugar de atenderla
  • Nos tachan de elitistas o flipados por pedir el apoyo que recoge la ley
  • La hipersensibilidad emocional y la intensidad con la que viven estas personas transforma cada día en un verdadero reto. Uno que vá más allá de lograr llegar a la cama sin que te atropelle un flipado con su BMW.
  • Y la última, que seguro que te sorprende: Las altas capacidades no son un premio ni una etiqueta para fardar: son una configuración cerebral diferente que te hace procesar la realidad de una manera distinta. No te hacen mejor que nadie, pero tampoco peor que nadie.

Si este artículo te ha sonado, es probable que estés intentando unir las piezas del puzle. He ordenado las 7 claves fundamentales en una secuencia lógica para que no tengas que saltar de punto en punto.

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