Diario de una cebra

Enseña tus rayas

Relatos de una cebra en el siglo XXI. Experiencias compartidas de percibir la realidad en alta definición

El motín en la Sala de Juntas (o por qué sigo sin cafetera)

Fecha: un día cualquiera

Querido Diario:

Son las 23:45. La casa está en silencio, el gato duerme en esa postura imposible que desafía la anatomía felina y yo estoy mirando el techo, agotado. No he corrido una maratón. No he resuelto la crisis de Oriente Medio. Simplemente, he intentado comprar una cafetera.

Y he fracasado estrepitosamente.

Si alguien encontrara este diario y leyera esto, pensaría que soy un indeciso patológico. Pero tú sabes que no es eso. El problema no es que no sepa decidir; el problema es que mi cabeza no es una democracia, es una empresa multinacional donde cinco directores de departamento gritan a la vez y ninguno respeta el turno de palabra. Hoy, la «Sala de Juntas» (mi córtex prefrontal) ha vivido un golpe de estado.

Todo empezó a las 10:00 AM. Mi vieja cafetera murió. Réquiem. Necesitaba una nueva. Misión simple, ¿verdad? Para el 95% de la población (esa gente que vive feliz en lo que Dabrowski llamaba la «Integración Primaria», operando por instinto y normas sociales), esto es un trámite de diez minutos. Entras, ves una bonita, pagas, sales.

Para mí, ha sido una odisea griega.

El Sabotaje de los Departamentos

En cuanto pisé la tienda de electrodomésticos, el Departamento de Curiosidad Intelectual (mi sobreexcitabilidad intelectual, según los manuales) tomó el control. No le bastaba con que hiciera café. Necesitaba saber la presión de los bares, la temperatura exacta del agua y si el sistema de calentamiento era por thermoblock o caldera. Saqué el móvil. Empecé a leer reviews técnicas en alemán (no sé alemán, pero Google Translate sí).

El Sabotaje de los Departamentos

¡Cuidado! —gritó de repente el Departamento Sensorial. —¿Habéis oído ese zumbido? Esa cafetera de ahí hace un ruido de 60 decibelios. Si compramos esa, cada mañana será como despertar dentro de una turbina de avión. Y el plástico… tocad ese plástico. Es rugoso. Me da dentera solo mirarlo. Veto absoluto.

Mientras tanto, el Departamento Emocional estaba sufriendo una crisis existencial en el pasillo tres. Se había fijado en una cafetera italiana, de esas clásicas, y empezó a montar una película:

—Si compramos la de cápsulas, estamos destruyendo el planeta. Piensa en las tortugas, por Dios. Además, la italiana es la que tenía la abuela. ¿Recuerdas el olor de la cocina de la abuela? Si compramos la automática, estamos traicionando nuestro legado familiar y contribuyendo al colapso ecológico.

Y por si fuera poco, el Departamento de Imaginación (siempre el más inoportuno) decidió intervenir:

—¿Y si en realidad lo que necesitamos no es café, sino montar una cafetería? He visto un local en alquiler en la esquina. Podríamos tostar nuestro propio grano. Tengo ya el logo diseñado mentalmente. Se llamará «La Cebra Cafeinada». Espera, estoy visualizando la decoración…

Un mundo lineal

Ahí estaba yo, de pie en medio de MediaMarkt, paralizado. La gente pasaba a mi lado, decidida, feliz con sus cajas bajo el brazo. Ellos veían una cafetera. Yo veía una red compleja de variables éticas, técnicas, estéticas y sensoriales.

Falk y Miller (2009) decían que tener esta combinación de sobreexcitabilidades (intelectual, emocional e imaginativa) es el sello distintivo de la alta capacidad. Suena a elogio en el paper académico, pero en la vida real, un domingo por la mañana, se siente como una maldición. El mundo no está diseñado para cerebros multidisciplinares. El sistema educativo, el mercado laboral, incluso el diseño de los supermercados, todo está hecho para el pensamiento lineal: A conduce a B.

Mi cerebro funciona en red: A conduce a B, que me recuerda a C, que tiene implicaciones éticas sobre D, y por cierto, ¿qué es ese olor a ozono?

La verdad, Diario, es que cansa. Cansa muchísimo ser «demasiado» todo el tiempo. Demasiado analítico, demasiado sensible, demasiado intenso. Esa fatiga que siento ahora no es física; es el coste de procesar la realidad en 8K mientras el resto del mundo parece conformarse con 720p.

A veces desearía poder apagar el interruptor. Ser capaz de coger la primera caja roja que vea y no pensar en la obsolescencia programada ni en la huella de carbono. Pero luego recuerdo lo que decía Dabrowski sobre la desintegración positiva: este conflicto, este caos interno, no es un fallo del sistema. Es el sistema actualizándose. Estoy en plena «desintegración multinivel espontánea» (Nivel III), cuestionando «lo que es» frente a «lo que debería ser».

Aunque, sinceramente, a veces prefiero una tostada a la iluminación espiritual.

La Reunión de Estado Mayor

Hoy he aprendido (a la fuerza) que no puedo dejar que los departamentos se peleen en público. Necesito instaurar una técnica de «Meta-pensamiento». La próxima vez, antes de entrar a la tienda, haré una reunión de Estado Mayor en el coche:

  1. Reconocer: «Vale, chicos, todos queréis hablar. Os escucho».
  2. Validar: «Gracias, Intelecto, por los datos. Gracias, Emoción, por la ética».
  3. Ejecutar: «Pero hoy el CEO (yo) decide que la prioridad es la rapidez. Gana la funcional».

Si no tomo las riendas, mi vida se convertirá en una eterna asamblea de vecinos donde nunca se aprueba el acta.

La Reunión de Estado Mayor

Al final, he salido de la tienda con las manos vacías. He pasado tres horas de mi vida finita, tres horas que nunca recuperaré, debatiendo sobre electrodomésticos. La muerte nos espera a todos, y yo no quiero que me pille leyendo comparativas de filtros de agua.

Tengo que aprender a elegir mis batallas. No todas las decisiones requieren el consenso de los cinco departamentos. A veces, «suficientemente bueno» tiene que ser, simplemente, suficiente.

Por cierto, te he mentido. No he salido con las manos vacías.

Justo cuando iba hacia la salida, derrotado, el Departamento Imaginativo vio un telescopio en oferta.

—Oye… ¿y si aprendemos astronomía? —susurró.

—¡Sí! ¡Analicemos la refracción de la luz! —gritó el Intelectual.

—¡Será tan poético ver los anillos de Saturno! —lloró el Emocional.

Hubo consenso inmediato. Unanimidad absoluta.

aprendiendo astronomía

Así que aquí estoy, a medianoche, sin poder hacerme un café mañana por la mañana, pero montando un telescopio en el balcón porque mis «expertos internos» han decidido que mirar a Júpiter es mucho más lógico que desayunar caliente.

Buenas noches, Diario. Mañana será otro día (y espero que alguien me invite a café).

📚 REFERENCIAS Y RECURSOS

  • Dabrowski, K. (1964). Positive Disintegration. Little, Brown & Co. Enlace al libro
  • Falk, R. F., & Miller, N. B. (2009). The Overexcitability Questionnaire–Two (OEQII): Manual, scoring system, and psychometric properties. Institute for the Study of Advanced Development. (Estudio que valida las sobreexcitabilidades y destaca el «trío» Intelectual, Imaginativo y Emocional en los superdotados). Referencia en ResearchGate

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