Vives con el volumen al 11.

No estás rot@. Solo procesas la realidad en estéreo en un mundo configurado en mono.

¿Acabas de llegar? Empieza por aquí: El itinerario de 7 días para entender tu hardware mental.

Apuntes tema 1 Psicología de la emoción

¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y tu perro cuando os enfadáis? Ninguna. 

Bueno, vale, él no tiene que disimular en la cena de Navidad con tu cuñado. Pero en el fondo, cuando te cabreas, tu cerebro hace exactamente lo mismo que el suyo: se pone en modo «¡ALERTA MÁXIMA!».

Bienvenidos a este primer episodio de una serie especial destinado a dos tipos de personas muy concretas: estudiantes de psicología que están hartos de leer manuales aburridos que parecen escritos por un robot sin alma, y adultos con alta capacidad que necesitan entender cómo funciona su cerebro para dejar de sentirse como bichos raros en un mundo de gente «normal».

Entender cómo funcionan tus emociones no es un capricho new age. Es pura supervivencia. Es entender por qué a veces te quedas paralizado ante una presentación importante, o por qué discutes con tu pareja por dónde poner el sofá como si fuera una cuestión de vida o muerte.

Bienvenidos a «Diario de una Cebra». Si, has oído bien: Cebra. No, no es porque me gusten los animales rayados ni porque tenga un fetiche con Madagascar. Ni tampoco tiene nada que ver con la moda Therian

Cebra porque eso es lo que somos los cerebros de alta capacidad: las rayas que destacan en una manada de caballos marrones.
Y antes de que pongas los ojos en blanco pensando «ay, qué especiales», déjame decirte algo: ser diferente neurológicamente no te hace mejor. Te hace diferente. Y entender esa diferencia es lo que al final te permite dejar de machacarte por no encajar.

Esto nace porque estoy convencido de que necesitas entender tu hardware. Así de simple. Tu cerebro funciona distinto. Tiene más conexiones, más rapidez, más intensidad.
Es como tener un Ferrari cuando todos los demás conducen un Ford Ka. Suena genial hasta que intentas aparcarlo o llenar el depósito.

Apuntes tema 1 Psicología de la emoción

El fin aquí es muy simple: que entiendas cómo funciona tu cerebro para que puedas controlarlo. O al menos, para que dejes de sentirte culpable cuando no puedas hacerlo.

Eso es lo que ha ido pasando en Diario de una Cebra hasta ahora. Os contaba un fragmento de mi diario y luego nos centrábamos en entender la ciencia detrás de esa historia.

Pero como ya os he contado alguna vez, en aquella historia de la pintura, el japonés, el violonchelo y los relojes antiguos, conseguí desarrollar una herramienta.

Una técnica muy útil en esos momentos en los que la vehemencia, la intensidad y la complejidad que Mary Elaine Jacobsen adjudica a las personas con alta capacidad, entran en erupción a la vez.

Siempre me atrajo la psicología, pero hace 30 años no tuve la oportunidad de matricularme. Así que ha sido una idea latente durante tres décadas.

Cuando descubres que tienes un cerebro cableado de manera diferente y que entender tu hardware es fundamental para conducirte en la vida, la psicología vuelve al primer plano.

Dos más dos siempre suelen ser cuatro. 

Así que me matriculé en el grado de Psicología de la UNED el año pasado.

El primer cuatrimestre, mi búsqueda de la excelencia me llevó a que en Noviembre desistiera de toda esperanza de presentarme a los exámenes de Febrero. 

Era imposible, dado mi propio nivel de autoexigencia, alcanzar mi objetivo.

Y así he consumido el primer mes del segundo y la cosa no pintaba distinto. 

Por eso he decidido aplicar lo que os contaba de bajar la barra y someter a mi interés por estudiar Psicología a cuatro preguntas para ajustar el nivel de mi objetivo:

  • Primera: ¿Puedo encontrar tiempo para estudiar? Creo que sí sin que tengan que inventarse los días de 30 horas. Si lo combino con mi diario, la tarea se simplifica
  • Segunda: ¿Tengo que ejercer de psicólogo clínico en 4 años? Pues no. Definitivamente no
  • Tercera: ¿Puedo fallar en mi diagnóstico personal? En teoría, mi búsqueda de la excelencia me dice que no, pero, al fin y al cabo, el único perjudicado sería yo. Así que si, me puedo permitir fallar.
  • Y cuarta: ¿Tengo que doctorarme e impartir conferencias? Pues no, tampoco tengo esa necesidad

Una vez aplicada la herramienta, es obvio que puedo intentar estudiar el grado en Psicología sin llegar al nivel de excelencia que la sociedad demanda. Y que el coste de no alcanzar el objetivo es asumible.

Os he dicho muchas veces que el tiempo es finito y rígido. Por eso creo que la mejor manera de estudiar el grado es obligándome a introducirla en Diario de una Cebra.

Comparto lo que voy recorriendo con los de siempre. Y de paso, si alguno de los futuros psicólogos clínicos aterriza por aquí, quizás se interese por el tema de las altas capacidades, que, por lo que he visto hasta ahora, ni se menciona en el plan de estudios.

Última advertencia: es imposible resumir los temas académicos en un episodio de 15 minutos o en un artículo de 1500 palabras. Intentaré que sean tan amenos como el resto de capítulos, pero si vais con prisa, este no es el sitio.

Así que vamos a por la teoría. Hoy, mis apuntes del Primer tema de la asignatura psicología de la Emoción, que, precisamente se llama según la guía de la asignatura: Psicología de la emoción. 

Os hago un pequeño mapa de lo que vamos a ver hoy.

En primer lugar, habrá que hablar de la definición del concepto de emoción y de cuáles son sus componentes principales.

Luego, viajaremos en el tiempo para repasar los antecedentes filosóficos de las emociones y saber lo que entendían por emoción en la Antigua Grecia. 

De ahí, haremos una parada obligatoria en la figura de Charles Darwin para descubrir cómo la teoría de la evolución nos ayuda a entender la gran función adaptativa que tienen las emociones para nuestra supervivencia.

Tras ello, descubriremos que hay dos grandes bloques a la hora de explicar los mecanismos fisiológicos de las emociones: o bien como procesos de activación, o bien como mecanismos de regulación (como la homeostasis, la alostasis o el estrés).

Con todo eso ya estaremos preparados para afrontar las tres grandes corrientes en el estudio de las emociones: empezaremos por la orientación conductual, relacionada con el aprendizaje; después pasaremos a la orientación biológica, para conocer las estructuras de nuestro cerebro que entran en funcionamiento; y terminaremos explorando la orientación cognitiva.

Para poner el broche de oro teórico, cerraremos hablando de la Inteligencia Emocional, para descubrir las habilidades que nos permiten percibir, comprender y regular nuestras emociones de la manera más óptima posible.

Y el broche oro práctico será, cómo no, ver para qué sirve toda esta teoría cuando tienes un cerebro con una mayor neuroplasticidad, más mielina, más conexiones neuronales que a la vez son más rápidas y más eficientes.

DEFINICIÓN Y COMPONENTES DE LA EMOCIÓN

Empecemos por lo básico, porque si hay algo que me aburre de la parte académica de la psicología es que usa 47 palabras técnicas cuando bastaría con una.
Las emociones, según el manual, son procesos psicológicos.
Vale, genial. ¿Y eso qué significa?

Significa que las emociones no son esa cosa cursi de las películas; son procesos que nos preparan para adaptarnos y sobrevivir.
Es como una aplicación de seguridad que viene preinstalada en nuestro sistema.

Como el sistema de alarma de tu casa. Está ahí para avisarte de que algo importante está pasando.
El problema no es que tu sistema de alarma se active cuando hay un ladrón… el problema es que también se activa si tu pareja deja el vaso en la mesita sin posavasos.
Y un cerebro de alta intensidad no distingue muy bien entre amenazas reales y amenazas inventadas.

Tenedlo en cuenta futuros psicólogos clínicos que, según el programa de estudios, no hay asignaturas sobre la alta capacidad.

El día que un individuo con altas capacidades entre en vuestra consulta, os acordaréis de este episodio.

Sigamos con la teoría. En 1884, un tipo llamado William James hizo una pregunta tan obvia que nadie antes se la había planteado: «¿Qué es una emoción?». 

Y mira, más de 140 años después, seguimos sin ponernos de acuerdo. Todo el mundo cree saber lo que es, hasta que debe definirla. Hay literalmente cientos de definiciones. Es como intentar que toda tu familia se ponga de acuerdo sobre dónde ir de vacaciones. Imposible.

Pero hay cuatro cosas en las que casi todo el mundo coincide: Los cuatro componentes de la emoción.

  • Primero: Los cambios fisiológicos. Cuando te emocionas, tu cuerpo hace cosas raras. Tu corazón se acelera, te pones rojo, te sudan las manos. Es como si tu cuerpo fuera un adolescente dramático que no puede evitar exagerar todo.
  • Segundo componente: la tendencia a la acción Tienes ganas de hacer algo. Te apetece pegarle un puñetazo a la pared, salir corriendo, o abrazar a alguien hasta asfixiarlo. «tendencia a la acción», lo llaman, que es una forma elegante de decir «tengo ganas de hacer algo y no sé muy bien el qué».
  • Tercer componente: la experiencia subjetiva: Sientes algo por dentro. Una sensación. Lo llamamos «experiencia subjetiva» porque nos gusta complicar las cosas. Pero básicamente es ese: «uf, qué nervioso estoy» o «madre mía, qué alegría».
  • Y Cuarto componente de la emoción: El procesamiento de la información. Tu cerebro está haciendo cálculos. Está evaluando la situación, comparándola con experiencias pasadas, prediciendo qué va a pasar. Como un superordenador que procesa información a toda velocidad mientras tú simplemente notas que «algo no va bien».

ANTECEDENTES FILOSÓFICOS DE LAS EMOCIONES

Esto de las emociones ha sido un lío desde siempre.
Los antiguos racionalistas, como Platón, decían que la razón era el «amo» y la emoción el «esclavo». Pensaban que la razón debía controlar a esos impulsos «peligrosos» y «animales».

Aristóteles fue algo más comprensivo y dijo que las emociones dependen de lo que creemos. Entendió que razón y emoción van de la mano. Por eso se le considera pionero de las teorías cognitivas de la emoción.

El fundador del empirismo, el señor John Locke, estableció que la asociación entre estímulos y respuestas es la base del aprendizaje y, por ello, de nuestras respuestas emocionales.

Luego llegó Tomas Hobbes, hedonista, dijo que nuestras emociones están motivadas para buscar el placer y huir del dolor.

David Hume incluso dijo después que las pasiones tienen leyes tan exactas como las de la física.

Y Descartes, con su famoso dualismo, pensaba que unos «espíritus animales» en la sangre movían nuestros músculos y creaban las emociones.

CHARLES DARWIN

Pero el que de verdad puso los puntos sobre las íes fue Charles Darwin.

Él nos enseñó que las emociones son herramientas de supervivencia que compartimos con los animales. Por eso decía al principio que tu perro y tú sois iguales cuando os asustáis

Gracias a él sabemos que las expresiones de la cara, como la de miedo, son universales y nos ayudan a comunicarnos sin hablar.
Si yo pongo cara de mala leche tú ya anticipas que algo malo puede pasar. Si un bebe llora o ríe, comunica sus necesidades y busca el cuidado de su madre.
Y para enlazar con lo que viene a continuación, Darwin descubrió que expresar abiertamente una emoción, la intensifica. Mientras reprimirla la debilita.
Antes de continuar, paréntesis para las cebras. Por si no lo habéis conectado, ¿os dais cuenta de que hacer masking es luchar contra nuestra propia naturaleza biológica?

las emociones son herramientas de supervivencia que compartimos con los animales

ORIENTACIÓN BIOLÓGICA

Durante mucho tiempo se pensó que las emociones «estaban» en un sitio concreto del cerebro. Como si hubiera una casita de las emociones donde vivían todas juntas.

La neurociencia afectiva se ha encargado de demostrar que esto no es así. Ha desmontado el proceso de las emociones en piezas más pequeñas y simples.

Y ha descubierto que nuestro cerebro emocional es más bien como una red de WhatsApp donde participan varios grupos de amigos que no se caen bien entre ellos pero tienen que colaborar.

Está la amígdala, que es como el guardia de seguridad paranoico. Ve peligro en todas partes. Es rápida, eficiente, y no muy lista. Se activa antes de que tú siquiera seas consciente de que hay un problema. Es perfecta para sobrevivir a un oso, pero fatal para no mandar ese mensaje de WhatsApp del que te vas a arrepentir.

Y aquí es donde tú, cerebro de alta capacidad, tienes un problema: tu amígdala no solo funciona, funciona demasiado bien. Se dispara ante amenazas que no son realmente amenazas. Ante estímulos que para otra persona serían «meh», para ti son código rojo.

Luego está el córtex prefrontal  o corteza prefrontal, que es el adulto responsable del cerebro. El que dice: «A ver, calmémonos, pensemos esto con lógica». El problema es que tarda más en activarse que la amígdala. Es como si el padre responsable siempre llegara 10 segundos tarde para evitar que el niño pequeño meta los dedos en el enchufe.

En las personas con alta capacidad, esta zona también funciona a todo trapo. Tienes capacidad para analizar, planificar, anticipar consecuencias. Pero cuando tu amígdala ya ha disparado la alarma, tu córtex prefrontal llega tarde a la fiesta intentando arreglar el desastre.

DEFINICIÓN Y COMPONENTES DE LA EMOCIÓN

Aquí viene algo importante: las emociones no son irracionales. NO son el enemigo de la razón.

Durante siglos, los filósofos nos vendieron la moto de que la razón era el «amo» y las emociones el «esclavo». Como si tu trabajo fuera controlar esas emociones molestas con tu intelecto superior. Mentira.

Las emociones son información. Son datos que tu cerebro está procesando a una velocidad brutal. Cuando sientes ansiedad antes de una presentación, tu cerebro no está siendo idiota. Está diciendo: «Oye, esto es importante, podría salir mal, prepárate».

El problema es cuando esa información está mal calibrada. Como un detector de humo que se activa cuando haces tostadas. No está roto, está demasiado sensible.

Y tú, cebra, tienes los detectores a máxima sensibilidad. No porque estés loco. Porque tu cerebro procesa más información, más rápido, con más matices. Ves amenazas que otros no ven. Anticipas problemas que otros ni se plantean.

¿Es útil? A veces sí, a veces no. Pero no es un defecto. Es una característica.

En el cerebro, todo esto tiene su sitio.

James Papez propuso un circuito donde la información va del tálamo al hipotálamo y luego a la corteza.

Paul MacLean habló del sistema límbico o «cerebro visceral» encargado de la supervivencia.

Pero la estrella es la amígdala. Es el botón del pánico. Se encarga del aprendizaje emocional implícito; por eso puedes tener miedo a algo y no saber por qué. En cambio, el hipocampo se encarga de los recuerdos que puedes explicar con palabras.

Y luego está el «director de orquesta»: la corteza prefrontal. Es el que modula a la amígdala para que no nos volvamos locos por una falsa alarma. El caso de Phineas Gage nos enseñó que si se daña esta zona, dejas de ser tú mismo y te vuelves impulsivo y maleducado. Antonio Damasio propuso la hipótesis del marcador somático: los estados del cuerpo nos guían para tomar decisiones rápidas sin que nos demos cuenta. 

También tenemos el córtex cingulado anterior, que integra la información visceral y emocional con la atención.

MECANISMOS FISIOLÓGICOS

Y tú que crees ¿Primero Sientes o Primero Piensas?

Aquí viene la parte divertida. Durante más de un siglo, los psicólogos han estado peleándose sobre qué va primero: si tu cuerpo se activa y después te das cuenta, o si primero piensas y después tu cuerpo reacciona.

William James dijo algo que sonó revolucionario: «No lloras porque estás triste. Estás triste porque lloras«. 

Es decir, primero tu cuerpo hace cosas (lágrimas, pecho apretado, respiración entrecortada) y después tu cerebro ve todo eso y dice: «Ah, vale, estoy triste».

Es como si tu cerebro fuera un periodista que llega tarde a la escena del crimen y tiene que reconstruir qué ha pasado mirando las pruebas.

Suena raro, ¿verdad? Pero tiene su lógica. Imagínate que te encuentras un oso en el bosque. Tu cuerpo reacciona ANTES de que tú conscientemente pienses «¡OH DIOS MÍO, UN OSO!»

Sales corriendo, tu corazón se dispara, empiezas a sudar… y después, mientras corres como un loco, tu cerebro consciente llega y dice: «Ah, claro, tengo miedo».

Ahí y no antes es cuando sentimos el miedo. La reacción se produce antes de que lo sintamos y experimentemos.

Gracias a ese mecanismo, hemos evolucionado como especie. Imaginad cuántos de nuestros antepasados habrían sobrevivido si para reaccionar hubiesen tenido que esperar a ser conscientes de que tenían miedo.

Poco después Carl Lange completó este modelo afirmando que cada emoción tiene un patrón fisiológico propio y que si ese patrón no se activa no habrá respuesta.

Pero Walter Cannon le dio un tirón de orejas científico a William James. 

Dijo que las vísceras son muy lentas y que a veces el cuerpo reacciona igual cuando tienes frío o cuando te enamoras. 

Para él los cambios corporales no están enfocados a que sintamos miedo. El objetivo de esos cambios es prepararnos para las dos reacciones básicas de todo organismo vivo: luchar o huir.
Tu objetivo como ser humano es sobrevivir. O luchas o huyes, no tienes más salida.

Walter Cannon se unió a Philip Bard y juntos formularon la Teoría de Cannon-Bard.

Los habituales de Diario de una Cebra ya conocéis al portero de discoteca de nuestro Cerebro: el Tálamo. El responsable de filtrar todos los estímulos y señales que nos llegan a través de los sentidos.

si el tálamo considera que un estímulo es relevante, envía dos señales simultáneas

Para Cannon y Bard, si el tálamo considera que un estímulo es relevante, envía dos señales simultáneas:

  • Una a nuestro CEO: la corteza prefrontal, responsable de la parte consciente. Esta se encarga de que sintamos la emoción
  • Otra hacia el sistema nervioso periférico, que es el encargado de activar los cambios corporales que generan la energía para preparar la respuesta.

Hablando de energía, el concepto de Activación o Arousal es como la batería de un móvil. Robert Yerkes y John Dodson descubrieron que necesitamos un nivel medio de energía para rendir bien. Si estamos muy «apagados», no hacemos nada, pero si estamos muy «excitados» o ansiosos, el sistema se colapsa. Esto me pasa mucho con mis hijos: cuando se pasan de revoluciones, ya no hay quien los centre.

Es algo que tenemos que tener en cuenta, si nos pasamos del nivel óptimo de activación cuando estamos huyendo del oso, nos estampamos contra un árbol o nos caemos. Si por el contrario no alcanzamos el nivel óptimo, nuestra ejecución de la tarea de huir terminará con nuestro cuerpo devorado.

Seguro que te has dado cuenta, pero el nivel de activación óptimo depende de la complejidad de la tarea. No necesitas el mismo nivel de Arousal para escapar del oso que para evitar a una serpiente venenosa. Y no es lo mismo escapar de un oso en un bosque que en un descampado.

Luego está el tema de la regulación. La Homeostasis intenta que todo esté siempre igual, como un termostato. Todo organismo tiende al equilibrio

Pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que esto era un espejismo. Probablemente porque los que lo investigaron tenían hijos.  Así surge el concepto de Alostasis, o estabilidad a través del cambio. Que es cuando el cerebro predice lo que vas a necesitar y ajusta los parámetros antes de que pase. Es una regulación predictiva basada en nuestra historia.

Y aunque no sea una emoción en si mismo, tenemos que hablar del estrés, porque probablemente es tu compañero de vida. Es un proceso psicológico activante que se pone en marcha cuando percibimos un cambio en las condiciones.

Hans Selye (un tipo que sabía mucho de esto) describió tres fases en el estrés:

  1. Alarma. «¡ALGO VA MAL!». Tu cuerpo se pone en modo supervivencia. Adrenalina a tope. Esto está genial si te persigue un tigre. No tanto si es tu jefe preguntándote por el informe que olvidaste hacer.
  2. Resistencia. «Vale, no ha sido tan grave, puedo con esto». Tu cuerpo intenta mantener el ritmo. Puedes funcionar, pero no es sostenible indefinidamente.
  3. Agotamiento. «Ya no puedo más». Tu cuerpo se rinde. Burnout, depresión, enfermedades psicosomáticas.

¿Adivinas en qué fase vive la mayoría de personas con alta capacidad? Entre la dos y la tres, oscilando constantemente. Porque tu cerebro ve TODO como potencialmente importante. No sabes desconectar el modo alerta.

En resumen, cuando te enfrentas a una demanda del entorno, el estrés es el proceso que moviliza tu energía para adaptarte.
Mientras que la homeostasis intentaría explicar esta adaptación como un simple esfuerzo por devolver tu cuerpo a un estado de reposo predeterminado, la alostasis nos explica que tu cuerpo en realidad está cambiando sus parámetros de forma inteligente y anticipada, prediciendo lo que vas a necesitar para asegurar tu eficacia y supervivencia.
Así que, no te asustes, el estrés es necesario para sobrevivir. Pero no te pases.

CORRIENTES EN EL ESTUDIO LA EMOCIÓN

ORIENTACIÓN CONDUCTUAL

No puedo olvidar cómo aprendemos a emocionarnos. Watson, un conductista radical, hizo un experimento bastante feo con el pequeño Alberto. Le enseñó a tener miedo a una rata blanca haciendo un ruido fuerte cada vez que la veía. Así se crean muchas fobias. 

Watson, un conductista radical, hizo un experimento bastante feo con el pequeño Alberto

Mowrer explicó que el miedo se aprende en dos pasos: primero te asustas (condicionamiento clásico) y luego aprendes que si evitas la situación, dejas de sufrir, y eso te «premia» para seguir teniendo miedo (condicionamiento instrumental). 

Eysenck incluso habló de la «incubación»: a veces el miedo crece solo con pensar en ello, sin que pase nada nuevo.

ORIENTACIÓN COGNITIVA

En la parte cognitiva, Schachter y Singer dijeron que para tener una emoción necesitas activación del cuerpo y una «etiqueta» mental para saber qué te pasa. 

Magda Arnold introdujo la Valoración (Appraisal): evaluamos si algo es bueno o malo para nosotros antes de sentir la emoción. 

Richard Lazarus, un psicólogo muy sensato, dijo algo obvio pero profundo: no reaccionas a lo que pasa, sino a cómo interpretas lo que pasa.

Dos personas pueden vivir la misma situación y sentir emociones completamente diferentes. Porque no es la situación la que genera la emoción, es cómo la evalúas.

Tu cerebro hace dos preguntas:

  • Valoración primaria: «¿Esto es importante para mí? ¿Me afecta?»
  • Valoración secundaria: «¿Puedo hacer algo al respecto? ¿Tengo recursos?»

Si algo es importante para ti pero crees que no puedes manejarlo: ansiedad.

Si algo es importante y crees que alguien te lo está impidiendo injustamente: ira.

Si algo importante ya se perdió y no puedes recuperarlo: tristeza.

Un cerebro de alta capacidad hace estas evaluaciones a velocidad de vértigo. Y además, ve implicaciones que otros no ven. Ves tres niveles de profundidad en cada situación. Anticipas consecuencias que a otros ni se les ocurren. No eres pesimista. Eres exhaustivo.

Y Klaus Scherer propone que la emoción es una sincronización de muchos sistemas (pensamiento, cuerpo, expresión) para adaptarnos de forma flexible.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Finalmente, si logras que todo esto funcione bien, tienes Inteligencia Emocional

Según Salovey y Mayer, es la habilidad para percibir, facilitar, comprender y regular las emociones. No es ser «majo», es saber usar los recursos emocionales para que la vida no sea un caos.

Para ellos, la Inteligencia Emocional se define a través de 4 habilidades básicas:

  • Percepción de las emociones: es la capacidad para identificar las emociones en uno mismo y en otras personas
  • Facilitación emocional: es la capacidad de usar los estados emocionales para mejorar la toma de decisiones, priorizar el pensamiento o fomentar la dichosa creatividad.
  • Comprensión emocional: es la capacidad para entender las causas y las consecuencias de las emociones.
  • Regulación emocional: esta es la capacidad para modular y dirigir de forma consciente las emociones propias y las de los demás.

Que mejor manera de terminar el bloque teórico que repitiendo cuatro veces la palabra CAPACIDAD.

Ahora viene la parte técnica que a tu cerebro le va a encantar. Futuros psicólogos, entramos en la parte práctica, a partir de aquí, continuar es voluntario.

Cuando dicen que tienes «alta capacidad», no es una metáfora. Tu cerebro literalmente funciona diferente: 

  • Más mielina: Tus cables están mejor aislados. La información viaja más rápido. Es como tener fibra óptica cuando los demás tienen ADSL.
  • Más conexiones neuronales: Tienes más «autopistas» entre diferentes áreas del cerebro. Esto significa que asocias ideas más rápido, ves patrones donde otros ven caos, conectas conceptos aparentemente no relacionados.
  • Mayor neuroplasticidad: Tu cerebro es más flexible, aprende más rápido, se adapta mejor. Pero también significa que es más vulnerable. Las experiencias negativas te afectan más profundamente.

¿Cómo afecta esto a tus emociones?

Tu amígdala no sólo se activa, se activa con TODO. Cosas que para otros son estímulos neutrales, para ti son emocionalmente significativas. Ves amenazas, oportunidades, matices que otros simplemente no procesan.

Tu córtex prefrontal trabaja horas extra intentando dar sentido a todo. Estás constantemente analizando, planificando, anticipando. No puedes «simplemente relajarte» porque tu cerebro no sabe cómo.

El resultado: vives en un estado de semi-activación constante. Tu termostato emocional está calibrado diferente. Lo que para otros es un 5, para ti es un 8. No eres demasiado sensible. Tienes más resolución emocional. Como ver en 4K cuando los demás ven en 720p. ¿Es mejor? No. Es diferente. Y más agotador.

Durante años, probablemente has sentido que algo no encajaba. Que reaccionabas «demasiado» a las cosas. Que los demás no entendían por qué te afectaba tanto una discusión, un comentario, una mirada.

Te has preguntado: «¿Por qué no puedo simplemente dejar de pensar en esto? ¿Por qué me importa tanto?».

La respuesta no es que estés roto. Es que tu cerebro procesa información emocional con una intensidad que la mayoría de personas no experimentará jamás.

Cuando tienes una discusión, no solo procesas las palabras. Procesas el tono, el lenguaje corporal, las implicaciones, las posibles consecuencias, los significados ocultos. Tu cerebro está haciendo un análisis forense en tiempo real mientras intentas mantener la compostura.

Cuando algo sale mal, no solo sientes decepción. Sientes el peso de todas las posibilidades que ahora no se materializarán. Todas las conexiones que tu cerebro había hecho se desmoronan simultáneamente.

Y luego está la soledad. Porque cuando intentas explicar cómo te sientes, ves en los ojos de los demás esa mirada de «estás exagerando». Y aprendes a callarte. A minimizar. A disculparte por sentir.

Pero no tienes que disculparte por cómo funciona tu cerebro. Tus emociones intensas no son un defecto. Son el precio de tener un cerebro que ve más, conecta más, siente más. Y sí, a veces es agotador. A veces es doloroso. A veces desearías tener un botón de «off».

Inciso publicitario: los que ya están inscritos en el itinerario que hay por la web ya saben como encontrar el botón de OFF

Apuntes tema 1 Psicología de la emoción

Pero ese mismo cerebro también es lo que te permite captar belleza donde otros no la ven. Entender a personas que se sienten invisibles. Crear conexiones que otros nunca imaginarían.  Tu intensidad no es una maldición. Es una característica. Una que todavía estás aprendiendo a usar. 

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto?

  • Primero: deja de intentar ser como los demás. Tu cerebro no funciona como el suyo. Nunca lo hará. Y está bien.
  • Segundo: entiende que tus emociones son información, no órdenes. Cuando sientes ansiedad, tu cerebro te está avisando de algo. Puedes escuchar el aviso sin obedecer ciegamente.
  • Tercero: tu trabajo no es controlar tus emociones. Es entenderlas. Conocer tu hardware. Saber qué dispara tu amígdala, qué desactiva tu córtex prefrontal, qué te hace funcionar mejor.

Las emociones no son el enemigo. Son el sistema operativo con el que viniste de fábrica. Y cuanto mejor lo entiendas, mejor podrás manejarlo. Y recuerda: no estás roto. Estás recableado. Hasta el próximo tema.

Material descargable complementario del Tema 1 de Psicología de la Emoción

Mapa mental del tema:

PDF Resumen-grafico-apuntes-psicologia-emocion-tema-1-UNED

 

Si este artículo te ha sonado, es probable que estés intentando unir las piezas del puzle. He ordenado las 7 claves fundamentales en una secuencia lógica para que no tengas que saltar de punto en punto.

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