Querido Diario:
Hoy he tenido una de mis crisis de esas de las 3 de la mañana pero ha ocurrido a las 4 de la tarde.
Estaba fregando los platos —una actividad gloriosamente mediocre— cuando mi cerebro ha decidido proyectar un documental sobre mi vida. El título provisional: «Mucho Ruido y Pocas Nueces: La Tragedia del Potencial Desperdiciado».
Se supone que a mi edad, Mozart ya había compuesto sinfonías y Einstein había revolucionado la física. Yo, en cambio,fiel a mi estilo, he revolucionado la forma de apilar los platos para que quepan dos más en el escurridor. Ya sabes, eficiencia al poder.
Me ha invadido esa náusea familiar. La sensación de que soy un fraude. De que me dieron un motor de cohete y lo estoy usando para ir a comprar el pan.
Es el gran secreto sucio de la alta capacidad. Muchas veces,nos venden la idea de que nuestro destino es cambiar el mundo.
Desde pequeños, escuchamos el susurro (o el grito) de las expectativas: «Tú llegarás lejos».
Y aquí estamos.
Lejos, claro que sí. Lejos de la costa, a la deriva y sin una brújula funcional en esta dimensión.
La sociedad tiene una imagen muy definida del «genio». Te vienen a la mente grandes inventores y artistas consagrados. Y como tu vida no se parece a la biografía de Steve Jobs, asumes que has fallado.

La Ciencia de mi Frustración
He dejado los platos y me he ido a buscar consuelo en los papers. Necesitaba saber si solo yo me siento así. Intuía que no, pero necesitaba saciar esa extraña curiosidad que tengo. Y he descubierto que resulta que mi dolor tiene nombre y apellidos académicos.
James C. Kaufman y Ronald Beghetto desarrollaron el Modelo de las 4C de la Creatividad. Y aquí está la trampa en la que he caído:
- Big-C (Creatividad Eminente): Los Einstein, los Picasso. Los que salen en los libros de historia.
- Little-c (Creatividad Cotidiana): Encontrar una nueva ruta para evitar el tráfico o improvisar una cena con tres ingredientes.
El problema es que mi cerebro compara mis acciones de Little-c con los resultados de Big-C. Es una comparación injusta y brutal. Estoy juzgando mi «boceto» contra la «obra maestra» final de un genio muerto.
Además, el psicólogo Keith Sawyer, en su libro Group Genius, desmonta el mito del «Genio Solitario». Dice que esa imagen del tipo aislado en una buhardilla que tiene un momento «¡Eureka!» es mentira. La innovación es colaborativa, social e incremental.
Así que no solo me estoy exigiendo un nivel imposible (Big-C), sino que estoy tratando de alcanzarlo solo, ignorando que incluso Edison tenía un equipo detrás.
Nos han vendido una narrativa tóxica. Nos han enseñado que si no sufres, no creas. Que la creatividad debe ser un parto doloroso y trascendental.
Se piensa que, si no has creado algo «épico», entonces tu aportación no vale nada.
Ese mito es el que termina paralizándote. Como no tengo una idea que acabe con el hambre en el mundo, decido no escribir ni un poema malo. La presión de lo «Grande» mata a lo «Bueno».
Es el Síndrome del Impostor dopado con esteroides: no es solo que crea que no valgo, es que creo que debería estar valiendo mucho más.
La Revolución de lo Pequeño
Pero, ¿qué pasaría si bajara el listón?
Kaufman y Beghetto hablan también de la Mini-c: la creatividad inherente al proceso de aprendizaje. Ese chispazo que sientes cuando entiendes algo nuevo. Eso también cuenta.
La realidad es otra: cada día se están gestando pequeñas revoluciones en la forma de pensar y actuar que no reciben reconocimiento, pero que son vitales.
Mi sistema para los platos es creativo. Mi forma de consolar a un amigo es creativa.
Reducir la creatividad a unos pocos ejemplos emblemáticos limita nuestro potencial. Si acepto que mi terreno de juego es el Little-c, de repente, la parálisis desaparece.
He decidido declarar la guerra a mi megalomanía.
A partir de hoy, voy a llevar un registro de Creatividad Little-c.
No voy a anotar «He escrito el próximo Quijote». Voy a anotar:
- «He arreglado el mando de la tele con celo».
- «He usado una analogía brillante para explicarle algo a mi sobrino».
- «He combinado dos sobras de la nevera, no he muerto en el intento y he cenado aceptablemente».

Al validar lo pequeño, abono el terreno para lo grande. Sawyer dice que el éxito viene de «muchas pequeñas chispas». Quizás mi Gran Obra no sea una estatua, sino una vida llena de pequeñas soluciones ingeniosas. Y si no existe ninguna de esas pequeñas soluciones, nunca se podrá convertir en una grande.
Porque al final, querido diario, a la muerte le va a dar igual si fui un Big-C o un Little-c. El tamaño del ataúd no depende de lo grande que sea tu creatividad
Lo único que importará es si disfruté del proceso.
Si me paso la vida esperando a ser «Genial», me olvidaré de ser «Feliz». O peor aún, me olvidaré de ser «Yo». Las semillas que planto hoy, por pequeñas que sean, son mías. Y si no cambian la historia de la humanidad, al menos habrán cambiado mi historia. Y eso tiene que ser suficiente.
He vuelto a la cocina. He mirado los platos.
He puesto música a todo volumen y he terminado de fregar bailando ridículamente mal.
No ha sido una performance digna del Bolshoi.
Pero me he reído.
Y en un mundo que premia la seriedad lineal, reírse solo en la cocina es un acto de rebeldía creativa.
📚 REFERENCIAS Y RECURSOS
- Kaufman, J. C., & Beghetto, R. A. (2009). Beyond Big and Little: The Four C Model of Creativity. Review of General Psychology. (Concepto: Distinción entre Big-C, Pro-c, Little-c y Mini-c). Enlace al Estudio (PDF)
- Sawyer, K. (2007). Group Genius: The Creative Power of Collaboration. Basic Books. (Concepto: Desmontando el mito del genio solitario). Enlace al libro
- Simonton, D. K. (2004). Creativity in Science: Chance, Logic, Genius, and Zeitgeist. Cambridge University Press. (Concepto: La creatividad como proceso estocástico/probabilístico). Enlace al libro




