Tema 2 El conocimiento inicial del mundo físico: la percepción y la inteligencia | Control de Calidad del Prototipo Humanoide «Bebé v1.0»

📌 Ficha Técnica y Guía de Repaso

Asignatura: Psicología del Desarrollo I

Número y Nombre del Tema: 2 El conocimiento inicial del mundo físico: la percepción y la inteligencia
Conceptos Clave para Examen: Glosario de Términos Psicología del desarrollo I Primer Parcial Tema 2: El conocimiento inicial del mundo físico: la percecpción y la inteligencia   Apoyo óptico: Información visual provista por los patrones y cuadrículas pegados al cristal que permite al sujeto percibir una superficie de...
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Glosario de Términos

Psicología del desarrollo I Primer Parcial

Tema 2: El conocimiento inicial del mundo físico: la percecpción y la inteligencia

 

Apoyo óptico: Información visual provista por los patrones y cuadrículas pegados al cristal que permite al sujeto percibir una superficie de apoyo continua y segura para el desplazamiento.

Asimilación reproductora / generalizadora: Mecanismo por el cual el bebé ejercita, fortalece y consolida un esquema nuevo mediante su repetición constante o aplicándolo a un conjunto cada vez mayor de objetos del entorno.

Barridos visuales de exploración: Movimientos oculares de rastreo que realiza el bebé sobre una cara; al mes de vida se concentran en los contornos externos y contrastes, mientras que a los dos meses exploran los rasgos internos como ojos y boca.

Conductas de anticipación: Comportamientos que demuestran una previsión independiente de la acción inmediata, donde el bebé reacciona ante indicios o señales que anuncian un acontecimiento futuro (como llorar al ver que un adulto se levanta).

Conductas de transición (Estadio 3): Conjunto de comportamientos intermedios (como la acomodación visual a movimientos rápidos o la búsqueda de objetos parcialmente ocultos) que evidencian un progreso hacia la permanencia del objeto sin haberla consolidado.

CONLERN: Mecanismo de procesamiento de caras que comienza a operar a partir de los 2 meses de vida, permitiendo al bebé aprender las características individuales de los rostros y discriminar entre personas.

CONSPEC: Mecanismo innato de procesamiento de caras propuesto por Morton y Johnson que se encarga de dirigir la atención del recién nacido de forma selectiva hacia la estructura del rostro humano.

Constancia de la forma: Capacidad perceptiva de reconocer que las propiedades reales de la forma de un objeto permanecen constantes, a pesar de las variaciones continuas de su imagen retiniana debidas a cambios de perspectiva.

Constancia del tamaño: Capacidad perceptiva por la cual un objeto se identifica con su tamaño real e invariable, independientemente de que la distancia al observador modifique las dimensiones de su imagen proyectada en la retina.

Convergencia binocular: Capacidad de dirigir y enfocar ambos ojos de forma coordinada hacia un mismo punto del espacio, esencial para la percepción de distancias y la agudeza visual.

Desplazamientos invisibles: Movimientos en los que un objeto es trasladado de un escondite a otro sin que el niño pueda observarlo directamente, cuya resolución requiere una capacidad de representación mental e inferencia propia del Estadio 6.

Desplazamientos visibles: Movimientos sucesivos de ocultación de un objeto realizados a la vista del sujeto, los cuales el niño es capaz de seguir y buscar con éxito en el último escondite a partir del Estadio 5.

Enfoque de los principios: Perspectiva teórica (asociada a Baillargeon) que sostiene que los bebés nacen dotados de principios conceptuales innatos que orientan, guían y restringen su comprensión y relación cognitiva con el entorno físico.

Enfoque del proceso adaptativo: Perspectiva teórica (asociada a Munakata) que defiende que el conocimiento infantil tiene una naturaleza gradual y se construye a partir de la experiencia y de los mecanismos específicos que subyacen a la conducta.

Error A, no-B: Sesgo conductual típico del Estadio 4 en el que el bebé busca un objeto oculto en el primer lugar donde fue escondido y recuperado previamente (A), a pesar de haber presenciado visualmente cómo se ocultaba en un nuevo lugar (B).

Esquema final: Esquema de acción que representa el objetivo o meta que el niño se propone alcanzar (por ejemplo, coger un juguete) tras coordinar y ejecutar el esquema transitivo previo.

Esquema transitivo: Esquema de acción que el bebé utiliza como medio intermedio (por ejemplo, apartar un obstáculo) subordinado a la consecución de una meta final.

Estadio 1 (Ejercicio de los reflejos): Primer subperiodo del desarrollo sensoriomotor (0-2 meses) caracterizado por el ejercicio de conductas innatas y automáticas, donde la asimilación y la acomodación actúan de forma rudimentaria e indiferenciada.

Estadio 2 (Primeras reacciones adquiridas): Segundo subperiodo (2-4 meses) caracterizado por la aparición de las primeras conductas adquiridas y hábitos que alteran los reflejos innatos, pero que carecen todavía de intencionalidad inteligente.

Estadio 3 (Reacciones circulares secundarias): Tercer subperiodo (4-8 meses) marcado por la coordinación visión-prensión y la aparición de conductas casi intencionales orientadas hacia los objetos y consecuencias del mundo externo.

Estadio 4 (Coordinación de esquemas secundarios): Cuarto subperiodo (8-12 meses) caracterizado por las primeras conductas inteligentes e intencionales propiamente dichas, donde el bebé coordina esquemas previos para lograr un fin.

Estadio 5 (Reacciones circulares terciarias): Quinto subperiodo (12-18 meses) caracterizado por la experimentación activa y la búsqueda de nuevos esquemas mediante la repetición con variaciones, lo que permite al bebé descubrir nuevos medios para resolver problemas.

Estadio 6 (Invención de nuevos medios): Sexto subperiodo (18-24 meses) donde el niño logra conductas plenamente inteligentes mediante combinaciones y representaciones mentales internas que preceden a la acción directa.

Estímulo privilegiado: Consideración del rostro humano como un foco de atracción preferente para el bebé debido a sus propiedades físicas intrínsecas, tales como su alto contraste, tridimensionalidad y movimiento constante.

Evitación del precipicio: Conducta que muestran los bebés a partir de los 6 meses (cuando empiezan a gatear), quienes se niegan a cruzar hacia la parte profunda del cristal a pesar de la solidez táctil de la superficie.

Experimento de la plataforma y el botón: Tarea experimental diseñada por Munakata para demostrar que las dificultades de los bebés de 7 meses con los objetos ocultos no se deben a problemas de coordinación medios-fines, sino a la fortaleza de sus representaciones mentales.

Expresiones emocionales: Manifestaciones visibles del estado emocional en el rostro que constituyen un canal de comunicación no verbal muy valioso entre el bebé y los adultos mucho antes del desarrollo del lenguaje.

Función adaptativa de la profundidad: Relación de protección biológica por la cual la percepción de la profundidad se manifiesta plenamente cuando el sujeto es capaz de desplazarse por sí mismo, evitando caídas accidentales.

Habilidad instrumental: Capacidad del niño en el Estadio 5 para resolver problemas prácticos utilizando objetos como herramientas (como tirar de una manta o usar un palo) para acercar hacia sí un juguete que está fuera de su alcance.

Imagen retiniana: Proyección bidimensional, invertida y cambiante que se forma en la retina del ojo al percibir un objeto, cuyas variaciones físicas de tamaño y forma son corregidas por el cerebro.

Inhibición de la respuesta dominante: Capacidad ejecutiva vinculada a la maduración de la corteza frontal y el área motora suplementaria, necesaria para frenar la tendencia refleja de buscar el objeto en el escondite A.

Intervalo de demora: Tiempo que transcurre entre la ocultación visible del objeto en el lugar B y el inicio de la búsqueda por parte del bebé, cuya duración incrementa la probabilidad de cometer el error A, no-B.

Músculos ciliares: Estructuras oculares que modifican la curvatura del cristalino para permitir el enfoque o acomodación visual de las imágenes sobre la retina a diferentes distancias.

Noción de objeto: Construcción cognitiva progresiva que lleva al niño a considerar los objetos como entidades en sí mismas, con existencia independiente de sus propias acciones y con propiedades permanentes en el espacio.

Perseverancia en la respuesta previa: Explicación alternativa del error A, no-B que postula que la conducta errónea se debe a una persistencia o repetición automática de la respuesta motora de búsqueda que tuvo éxito anteriormente.

Perturbación ante la profundidad: Síntomas de alteración o malestar fisiológico que muestran los bebés más pequeños (que aún no gatean) o ciertos animales al ser colocados sobre la zona del cristal que simula el abismo.

Precipicio visual: Dispositivo experimental diseñado por Gibson y Walk que consta de una superficie de cristal con un patrón de cuadrículas pegado directamente debajo en una mitad, y situado mucho más abajo en la otra mitad para simular un abismo visual.

Reacción circular: Repetición de una acción tendente a ejercitar y consolidar nuevos esquemas cognitivos, cuyo fin es mantener o descubrir nuevamente un resultado que resulta nuevo o interesante para el bebé.

Reacción típica de búsqueda: Limitación del Estadio 4 que demuestra que, para el bebé, el objeto depende todavía de la acción realizada sobre él y se concibe en una posición privilegiada vinculada a su éxito anterior.

Reacciones circulares primarias (RCP): Repeticiones de adaptaciones adquiridas que se caracterizan por estar centradas en el propio cuerpo del sujeto, como la conducta sistemática de chuparse los pulgares.

Reacciones circulares secundarias (RCS): Repeticiones de conductas que están orientadas directamente hacia las consecuencias ambientales que producen en el medio externo, sirviendo de base para la exploración del entorno.

Reacciones circulares terciarias (RCT): Repetición de conductas en las que el niño introduce variaciones y pequeños experimentos de forma deliberada para provocar y observar nuevos resultados con los objetos.

Reconstitución de un todo invisible: Conducta de transición del Estadio 3 en la que el niño es capaz de reconocer y coger un objeto que está parcialmente escondido, pero abandona el intento de alcanzarlo si se le oculta por completo.

Redes conexionistas: Modelos computacionales de simulación que utiliza el enfoque del proceso adaptativo para recrear y explicar de manera precisa el desarrollo gradual de la permanencia del objeto a partir de la interacción con el medio.

Reflejo de búsqueda: Movimiento de cabeza que realiza el recién nacido cuando algo le toca la mejilla para situar en la boca el objeto estímulo e iniciar los movimientos de succión, facilitando la localización del pezón.

Reflejo de Moro: Conducta automática vestigial desencadenada por un sonido intenso, pérdida de sustentación o golpe, caracterizada por la apertura y posterior cierre de brazos y piernas con cierre de manos sobre la línea media del cuerpo.

Reflejo de prensión: Conducta automática que se activa cuando la palma de la mano del recién nacido entra en contacto con un objeto, provocando que cierre la mano con fuerza para mantenerlo aferrado.

Reflejo de succión: Conjunto de conductas sumamente complejo y coordinado que permite la alimentación del bebé desde el nacimiento, consolidándose mediante el ejercicio en los primeros días y permitiéndole succionar de forma rápida y sin atragantarse.

Reflejo tónico-cervical: Reacción automática en la que, al girar la cabeza del bebé tendido boca arriba hacia un lado, se produce la extensión del brazo y la pierna de ese lado y la flexión de los opuestos, facilitando el establecimiento de la coordinación visión-prensión.

Tiempos de mirada: Técnica experimental basada en habituación y deshabituación para medir los segundos que el bebé pasa mirando situaciones físicas posibles o imposibles, revelando su sensibilidad ante objetos ocultos.

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Piénsalo un segundo.

Si mañana una empresa de tecnología sacara al mercado un dispositivo que se reinicia solo cada tres horas, expulsa fluidos sin aviso y no distingue tu cara de una tostadora, el departamento de control de calidad estaría ardiendo.
Pero la naturaleza no pasa auditorías.
Por eso, para explicar el tema 2 de psicología del desarrollo, he decidido recuperar el mono de trabajo de probador de software de una fábrica biológica. Imagina que nos han soltado en la mesa de pruebas el prototipo inicial: la Unidad Bebé v1.0.

El hardware da pena. Lleva un sistema básico que ni siquiera procesa símbolos mentales. Lo que puede hacer se denomina inteligencia sensoriomotriz., básicamente solo interactúa con el mundo golpeando cosas o chupando cables.

Al encender el dispositivo, nos encontramos con un repertorio ridículo de respuestas automáticas de fábrica: los reflejos del recién nacido.
Un código rudimentario preinstalado. Si le tocas la mejilla, el bicho gira la cabeza buscando comida como un autómata descalibrado.
Si le pones un dedo en la mano, lo aprieta con una fuerza diseñada para no caerse de un árbol hace dos millones de años.

El problema es que este aparato viene con los sensores totalmente desajustados.
La pantalla retiniana ve borroso, el procesador se colapsa con dos luces brillantes y el altavoz emite un canal de llanto rítmico insoportable.
Tenemos solo 24 meses para ver cómo esta chatarra descarga parches, aprende a rastrear objetos invisibles y evita destruirse a sí misma.
El informe de errores va a ser un cachondeo.

Tema 2 El conocimiento inicial del mundo físico: la percepción y la inteligencia | Control de Calidad del Prototipo Humanoide "Bebé v1.0"

Así que bienvenidos a Diario de una Cebra.
Antes de las aclaraciones y explicaciones habituales, debo decir que no te he mentido.
Sé que prometí que hoy veríamos a un CEO despota y borracho, pero la metáfora no servía para encajar bien toda la teoría.
Así que al igual que me he visto obligado a hacer con el tema 2 de Psicobiología, cambio el enfoque en este.
Por eso hoy nos vestiremos de inspectores de calidad que deben dar el visto bueno a un prototipo humanoide que viene al mundo incompleto por pura necesidad evolutiva.
Ya os aviso que no podremos darle el visto bueno hasta que pasen 24 meses.
Ahora si, si es la primera vez que caes por aquí, no te acojones, no vamos a hablar de técnicas de cambio de pañal o de expulsión de gases después del biberón.
Si no lo sabías en cada episodio me me visto de un personaje distinto y utilizo metáforas absurdas para destripar la teoría sin morir de aburrimiento.

Abre bien las orejas y apunta, porque este es el despliegue técnico de nuestra misión de hoy.

En los próximos minutos vamos a analizar cómo este prototipo humano intenta descifrar el mundo.
Evaluaremos el hardware sensorial primario, como la preferencia por la cara humana, las constancias de tamaño y forma, y la percepción de la profundidad mediante el famoso experimento del precipicio visual.

Luego auditaremos los fallos del software básico: desde los reflejos del recién nacido hasta las reacciones circulares, la conducta intencional y la coordinación medios-fines.

Y por supuesto, entraremos en el gran dolor de cabeza del departamento: la permanencia del objeto, el ridículo error A-no-B, y la guerra teórica entre el enfoque de los principios y el enfoque del proceso adaptativo.

Si estás escuchando esto porque te han diagnosticado altas capacidades a los taytantos y estás intentando entender por qué tu cerebro procesa hasta el zumbido de un fluorescente con una intensidad exasperante, este episodio es para ti. Vas a descubrir que tu sistema operativo venía configurado con una sensibilidad absurda que nadie se molestó en calibrar.

Y si eres estudiante de psicología de la UNED, enhorabuena. Mi objetivo es que apruebes tu examen sin tener que traducir el manual académico al castellano. Para los primeros, respuestas sobre su intensidad. Para los segundos, un aprobado. Vamos a tratar de entender ¿Por qué un dispositivo que ni siquiera sabe que sus manos le pertenecen termina construyendo una representación mental del mundo?
Todo porque el desarrollo, como veremos, no es una línea recta perfecta, sino un parcheado constante de errores sobre la marcha.

Tema 2 El conocimiento inicial del mundo físico: la percepción y la inteligencia | Control de Calidad del Prototipo Humanoide "Bebé v1.0"

Las capacidades del recién nacido: comunicación y acción sobre el medio | Telemetría de Fallos y Scripts de Fábrica

Cuando pones la Unidad Bebé v1.0 en la mesa de pruebas, lo primero que te salta a la cara es el altavoz.
El sistema de comunicación no es sutil. No hay pantalla táctil ni interfaz limpia. Solo hay un altavoz que emite berridos a noventa decibelios.

No te confundas. El prototipo no pretende hablar contigo. Ni siquiera sabe que existes.
El llanto es pura telemetría involuntaria.
Un sensor térmico mal calibrado o un gas retenido disparan la alarma.
Un investigador llamado Wolff catalogó en 1987 cuatro pitidos de fábrica.
Tienes el llanto básico, que es rítmico y significa que el tanque de combustible está vacío.
El llanto de cólera, cuando la unidad se frustra.
El llanto de dolor, provocado por un estímulo nocivo.
Y finalmente, a partir de la tercera semana, se instala el llanto de demanda de atención. Un chantaje sonoro muy eficiente que altera el ritmo cardíaco de los adultos a diez metros a la redonda.

Los LEDs del frontal tampoco son de fiar. Al principio ves una mueca y piensas que el bicho te quiere. Falso.
Es una sonrisa puramente fisiológica. Es solo un indicador de que la digestión ha ido bien.
Con las semanas, ese LED de estado se actualiza y pasa a ser una sonrisa social para manipular al personal de mantenimiento.

Pasemos a los motores de acción los reflejos del recién nacido son respuestas automáticas que saltan sin procesar información.
Para asegurar la recarga de batería, el bicho trae el script de búsqueda y el de succión.
Tocas la mejilla y gira la cabeza.
Tocas los labios y chupa.

Luego están los comandos de agarre, como la prensión palmar y la prensión plantar.
Le pones un dedo en la mano y la cierra con una fuerza bruta que daría envidia a un alicate industrial.
Pero la fábrica también nos ha colado código basura vestigial. Cosas que no sirven para nada hoy en día.
Si sostienes al prototipo en el aire, ejecuta la marcha.
Si le rozas la planta del pie, extiende los dedos en abanico con el reflejo de Babinski.
Si oye un portazo, salta el reflejo de Moro abriendo los brazos como si fuera a caerse de una rama.

¿Cómo demonios actualiza este cacharro un software tan rígido?
Escuchemos la voz de Jean Piaget.
Nos dice que el prototipo empieza a ensayar con lo que tiene.
Primero aplica una asimilación generalizadora. Pasa el script de succión a todo lo que se le cruza: la esquina de la manta, la oreja del perro o tu pulgar. Pero cuando el tanque ruge de hambre, ejecuta una asimilación de reconocimiento.
El bicho escupe el chupete de plástico porque nota que de ahí no salen calorías.
Y cuando tiene que modificar la postura de la boca para chapar la tetina dura de un biberón, ejecuta una acomodación inicial de las que vimos en el primer tema.
Es su primer parche de software real.

¿Para qué sirve venir al mundo con un firmware tan primitivo y repleto de scripts obsoletos? Para garantizar que la máquina sobreviva las primeras semanas mediante automatismos de emergencia mientras el procesador central aprende a tomar el control.

Las capacidades del recién nacido: comunicación y acción sobre el medio | Telemetría de Fallos y Scripts de Fábrica

La percepción y la imitación en la primera infancia | Configurando Sensores Ópticos, Auditivos y Módulos de Copia

Ya hemos visto que, mas o menos, en tres semanas tenemos alguna actualización instalada.
Pero vamos a revisar las cámaras del prototipo.
Si la Unidad Bebé v1.0 fuera un teléfono inteligente, devolverías el paquete el primer día.
Las lentes principales vienen desenfocadas. Los músculos ciliares no se acomodan a la distancia y los dos ojos apuntan a sitios distintos.
El resultado es una vista doble, o diplopia, bastante penosa.

¿Por qué procesa la imagen con tanto lag?
Pues porque la evolución deicidó que debíamos terminar de desarrollarno fuera del utero materno. Pero no lo decidió por casualidad, lo decidió porque si la evolución esperara hasta que estuvieramos listos, no saldríamos por la puerta de salida.

Para eso nos equipó con la mielinización. Cuando nos sueltan al mundo real el cableado que va del ojo al córtex visual no trae el aislante de serie.
Necesita seis meses recubriendo las conexiones de mielina para que los impulsos no se dispersen.
Mientras tanto, el bicho ignora las paredes lisas y busca desesperadamente puntos de alto contraste.
Le pones delante una pared blanca y se duerme. Le pones un tablero de ajedrez en movimiento y los sensores se colapsan intentando escanear los bordes.

El sistema viene programado para buscar caras humanas. Y lo hace a través de dos algoritmos distintos en CONSPEC y el CONLERN

El primero es CONSPEC, un firmware innato que hace que el prototipo gire la cabeza hacia cualquier estructura que parezca dos ojos y una boca.
A los dos meses se activa CONLERN, un sistema más listo que aprende los rasgos exactos de tu cara para no confundirte con el repartidor del gas.

El micrófono integrado sufre la misma manipulación.
Eimas demostró que el sensor de audio ignora el zumbido constante del frigorífico pero se activa al instante con la voz humana.
Ningún bebé imita el ruido de un electrodoméstico. Está calibrado para la interacción social.

Y hablando de clonar conductas, llegamos al gran patinazo de Piaget.
El viejo sabio decía que un bebé no podía imitar gestos faciales antes de los ocho meses porque no veía su propia cara. Pues resulta que se equivocó.
En 1977, Meltzoff y Moore le sacaron la lengua a prototipos de dos semanas y descubrieron las imitaciones tempranas.
Para su sorpresa, los bichos devolvieron el gesto. Lo que demuestra que hay una ruta directa no aprendida entre el sensor visual y los motores de la boca.

Pero la cosa no se queda en un simple reflejo espejo. Porque además de las imitaciones tempranas, están la imitación diferida.
Meltzoff y Moore, de nuevo, probaron en 1994 que si le haces una mueca a un modelo de seis semanas y te vas a tu casa, al día siguiente el bicho te recibe reproduciendo exactamente el mismo gesto ante una cara neutra.
Eso destruye la teoría clásica. La máquina no necesita actuar para pensar. Guarda la imagen en la memoria no volátil a largo plazo y la ejecuta cuando le conviene.

Parece ser que copiar a los adultos sin entender nada es el atajo más rápido para no morir en el proceso.

La percepción y la imitación en la primera infancia | Configurando Sensores Ópticos, Auditivos y Módulos de Copia

El desarrollo de la percepción | Tarjetas Gráficas y la Prueba del Abismo Abisal

Sigamos evaluando lo relacionado la tarjeta gráfica de la Unidad Bebé v1.0.
Si la cámara frontal daba pena, el procesamiento de imágenes en tres dimensiones es otra auténtica fiesta.

Cada vez que el prototipo gira la cabeza o el biberón se inclina tres grados, la proyección que impacta en su retina cambia de superficie por completo.
En un sistema sin calibrar, la máquina pensaría que el biberón se ha transformado en un polígono alienígena.
Por eso hace falta una actualización nueva del sistema: la constancia de la forma.

Se trata de la capacidad de reconocer que un objeto sigue siendo el mismo aunque la perspectiva alteración la figura en la retina.
Al principio, el bicho no la tiene instalada. Necesita semanas de procesamiento para entender que su juguete no muta de especie cuando rueda por el suelo.

El tema de las distancias también es un poco ridículo.
Cuando te alejas tres metros del prototipo, la imagen que proyectas en su retina se reduce al tamaño de una canica.
Si el firmware no corrigiera ese dato, creería que te has encogido como un personaje de dibujos animados.
Así que hace falta otro parche, la constancia del tamaño.

Bower demostró en sus experimentos de los años sesenta y setenta que esta corrección de escala no viene del todo fina de fábrica.
Se va consolidando entre los cuatro y los seis meses.
Hasta entonces, la escala del mundo para el prototipo es un caos absoluto.

Pero la prueba estrella del departamento de control de calidad llega cuando probamos el módulo de detección de caídas. Nos toca poner a prueba la percepción de la profundidad.

Para probarla Gibson y Walk diseñaron en 1960 un banco de pruebas bastante sádico: el precipicio visual.

Imagínate una mesa con un cristal transparente de alta resistencia.
En una mitad, el patrón de tablero de ajedrez está pegado justo debajo del vidrio. En la otra mitad, el tablero está metido un metro más abajo, creando la ilusión de un abismo vertical.

Colocas al prototipo en el centro. La información táctil le dice que el suelo es duro y seguro. El cristal continúa.
Si pones a un bebé de menos de seis meses, el bicho avanza sobre el abismo tan tranquilo porque su motor gráfico no calcula la tercera dimensión.
Pero si pones a un sujeto de seis meses en adelante, la cosa cambia.
La máquina detecta el vacío, se frena en seco, el ritmo cardíaco se le dispara y se pone a berrear aunque su madre le enseñe un paquete de galletas desde el otro lado.

Lo fascinante es que este parche no se descarga por tiempo de uso, sino cuando se habilita el motor de desplazamiento autónomo.
La fobia a las alturas se instala justo cuando el prototipo empieza a gatear y aumenta el riesgo real de despeñarse.

Vemos, como siempre, que el cerebro es un auténtico maestro en sobrevivir con el menor gasto de energía posible. No tiene ningún sentido instalar un freno de mano de emergencia en un prototipo que ni siquiera sabe desplazarse por sí solo.

El desarrollo de la percepción | Tarjetas Gráficas y la Prueba del Abismo Abisal

La teoría de Piaget sobre el desarrollo de la inteligencia sensoriomotriz y el concepto de objeto | Los Primeros Bucles de Software: Del Músculo al Sonajero

Pasamos al verdadero motor de procesamiento.
Jean Piaget nos explicó en 1936 que la Unidad Bebé v1.0 no nace con inteligencia conceptual, sino con una necesidad enfermiza de ejecutar bucles de prueba para no aburrirse.

Durante las primeras ocho semanas, en el Estadio 1, la CPU solo corre el script de fábrica.
Es el mero ejercicio de los reflejos. El bicho chupa el aire, la sábana o la tetina sin distinguir nada. Solo consolida los motores.

Pero entre los dos y los cuatro meses, en el Estadio 2, el prototipo tropieza por puro azar con su propio hardware.
Mueve un brazo sin querer, la mano se le mete en la boca y la chupa.
El procesador registra una sensación placentera, ve que eso mola, e inicia un bucle infinito de repetición.
Piaget lo denominó reacciones circulares primarias. Acciones accidentales centradas exclusivamente en el propio cuerpo del prototipo.
No hay instinto de chuparse el dedo. Hay una adaptación adquirida que coordina por primera vez la mano con la boca.

De los cuatro a los ocho meses, en el Estadio 3, la cosa se pone interesante.
El bicho deja de mirarse el ombligo y empieza a actuar sobre los periféricos de la habitación.
Son las reacciones circulares secundarias.
Agita los brazos en la cuna, le da un manotazo sin querer a un sonajero colgado, el trasto suena y la Unidad Bebé vuelve a patalear con la intención de reproducir ese ruido.
Aquí se consolida la coordinación entre la visión y la prensión. Agarra lo que ve y ve lo que agarra.

El problema es la memoria de almacenamiento. Al principio, si un juguete sale de su campo de visión, el procesador asume que el objeto ha sido eliminado del universo.
Sin embargo, en este tercer estadio surgen pequeños parches de rastreo. El concepto teórico se llama: Conductas de transición del concepto de objeto.

Hablamos de cinco respuestas a medio cocinar.
El prototipo inclina la cabeza para anticipar la caída de un juguete al suelo.
Si pierde un muñeco que tenía agarrado, hace un intento tosco de búsqueda y lo abandona al instante.
Si distraes a la máquina mientras juega, luego es capaz de retomar la tarea gracias a la reacción circular diferida.
Además, si le escondes el biberón pero dejas ver la mitad de la tetina, el bicho lo reconoce y lo coge; pero si lo tapas del todo, la CPU cancela la orden de agarre.
Y si le pones una manta sobre la cara, se la quita, pero no moverá un pañuelo que tapa un objeto oculto delante de sus ojos.

En este estadio, solo concibe la existencia de las cosas mientras formen parte de su propia acción inmediata.

La teoría de Piaget sobre el desarrollo de la inteligencia sensoriomotriz y el concepto de objeto | Los Primeros Bucles de Software: Del Músculo al Sonajero

Los estadios 4, 5 y 6 de la inteligencia sensoriomotriz y el concepto de objeto | Actualización del Firmware: Intencionalidad, Hacker de Objetos y el Error A no-B

Y tras deambular por los tres primeros estadios, llegamos a los ocho meses y el procesador de la Unidad Bebé v1.0 por fin descarga una actualización de inteligencia de verdad.
Entre los ocho y los doce meses, en el Estadio 4, deja de ser un autómata digestivo que reacciona a bofetadas del destino
Llega la coordinación de esquemas secundarios.
Ya no son manotazos al azar.
Ahora subordina un comando a otro para salirse con la suya.
Si le tapas un muñeco con un cojín, ejecuta una secuencia en dos pasos.
Aplica un primer esquema de apartar el obstáculo como medio, y luego un segundo esquema de alcanzar el objetivo como fin.
Hay intención explícita antes de mover la mano.
Ya empieza a atar los cabos.
El problema es que este motor de búsqueda trae un bug famoso de fábrica que te va a hacer reír en la mesa de pruebas. Ojo con este fallo garrafal de programación, que les encanta para los exámenes: el Error A, no-B.

Imagínate la escena.
Escondes el juguete debajo del pañuelo A. El bicho aparta la tela y lo celebra. Repites la jugada dos veces. A la tercera, le muestras el muñeco y, despacito y delante de sus narices, lo metes debajo del pañuelo B.
¿Dónde busca? En el pañuelo A.
Su memoria no guarda la ubicación espacial del objeto. Guarda la ruta del éxito pasado.
Para él, el juguete no es un cuerpo físico independiente, sino una cosa a su disposición en el escondite donde su acción ya funcionó la primera vez.

Es entre los doce y los dieciocho meses, en el Estadio 5, donde el bicho supera esa rutina rígida. Instala las reacciones circulares terciarias.

Aquí el prototipo se convierte en un científico chiflado.
Ya no repite la misma acción en bucle sobre las mismas cosas.
Introduce variaciones intencionadas para ver qué pasa.
Laurent, el hijo de Piaget, se dedicaba a tirar un cisne de plástico desde la cuna variando los ángulos.
Primero en vertical. Luego en diagonal. Luego hacia atrás sobre la almohada.
No eran ganas de tocas los cojones, era física aplicada.
En este quinto estadio la máquina resuelve el error A, no-B y rastrea todos los desplazamientos visibles.
Si ve dónde guardas las cosas, las encuentra.

Finalmente, entre los dieciocho y los veinticuatro meses, alcanzamos la cúspide del firmware sensoriomotor en el Estadio 6.
Ya somos capaces de inventar nuevos medios por combinación mental.
Ya no necesitamos el ensayo y error físico.
Habilitamos la simulación interna.
Piaget lo comprobó con su hija Lucienne ante una caja de cerillas entreabierta con un objeto dentro.
En lugar de meter los dedos a lo loco, la niña se quedó quieta, abrió y cerró la boca varias veces para representar simbólicamente la apertura de la caja, y la abrió al primer intento.
El prototipo ya puede resolver desplazamientos invisibles.
Si escondes una moneda en tu mano, la metes bajo la manta y sacas el puño vacío, el bicho deduce y busca debajo de la tela.

En este punto ha completado por fin su calibración sensoriomotriz.
Ha pasado de ser un tubo digestivo impulsado por reflejos a un procesador capaz de simular la realidad en su cabeza antes de mover un solo músculo.

La mayoría de los mamíferos viene lista para enfrentarse al mundo a los diez minutos de nacer, nosotros necesitamos 24 meses para eso.

Los estadios 4, 5 y 6 de la inteligencia sensoriomotriz y el concepto de objeto | Actualización del Firmware: Intencionalidad, Hacker de Objetos y el Error A no-B

Estudios y concepciones teóricas recientes | Auditorías Externas, Apagones Fisiológicos y la Guerra de las Redes Neuronales

Piaget se quedó tan a gusto observando a sus tres propios hijos, pero ya sabemos que la ciencia es ciencia porque no se fía de un padre abnegado.

Para comprobar si la Unidad Bebé v1.0 cumplía los plazos de producción en masa, es decir, que las conclusiones de Piaget tenían validez ecológica o interna, los auditores Uzgiris y Hunt pasaron en 1974 un control de calidad estandarizado.
Para ello pusieron en marcha sus estudios de replicación.
Crearon un test de sesenta y tres ítems que demostró que la secuencia de estadios piagetianos es tan rígida como una actualización de firmware obligatoria. Pero empezaron los problemas para el viejo Jean.

Resulta que otros ingenieros sospechaban que el prototipo no era tonto, sino que sus servomotores de agarre eran una basura.
En 1972, Bower y Wishart le hicieron una jugada sucia a la máquina.
En lugar de ocultar el juguete bajo un pañuelo lo que exige coordinar dos manos a la vez, simplemente apagaron la luz.
Querían comprobar el alcance en la oscuridad.

Bebés de menos de cuatro meses estiraron el brazo a ciegas y atraparon el objeto en la penumbra.
El juguete no había sido borrado de su memoria; la máquina solo tenía un fallo de coordinación motora que le impedía destaparlo.

Quien terminó de desarmar la supuesta torpeza del bicho fue Renée Baillargeon en los ochenta.
Pensó: si las manos fallan, midamos la tasa de refresco de sus ojos.
Así que acabo edificando el paradigma de preferencia de mirada ante sucesos imposibles.

Les puso una rampa por la que bajaba un cochecito.
En la prueba trucada, el coche parecía atravesar un bloque sólido escondido tras una pantalla opaca.
Los bebés de tres meses y medio se quedaron mirando fijamente la escena, registrando un pico brutal en el tiempo de mirada.
¿Por qué? Porque su procesador ya esperaba que un cuerpo sólido no fuera atravesado por otro.
Su arquitectura mental ya tenía cargado el mapa del objeto oculto.

¿Y cómo explicamos entonces el ridículo Error A, no-B? Adele Diamond le metió mano al hardware neurobiológico y lo relacionó con la maduración del córtex frontal.

Diamond demostró que el bicho busca en el pañuelo A por una saturación en la memoria de trabajo y un déficit para inhibir la respuesta dominante.
El área motora suplementaria del cerebro está sin soldar del todo.
El bicho sabe perfectamente que el muñeco está en B, pero su mano ejecuta por puro reflejo el movimiento que le dio recompensa la primera vez.

Esto desató la Gran Guerra del desarrollo entre el enfoque de los principios y el enfoque del proceso adaptativo

Los defensores de los principios afirman que el prototipo viene de fábrica con la física precargada y que solo le fallan las herramientas de ejecución.
Pero Munakata y sus colegas conexionistas demostraron que no hay magia innata.
Mediante experimentos con rampas, botones y simulación con redes neuronales, probaron que la permanencia del objeto se construye de forma gradual, píxel a píxel, mediante la acumulación de experiencia.

¿Consiguió la ciencia reciente destronar por completo el edificio de Piaget?
En absoluto; solo demostraron que la Unidad Bebé v1.0 es un sistema mucho más dinámico, donde la tarjeta gráfica perceptiva va un paso por delante de la tosca mecánica de sus manos.

Resumen Teoria

Y con esto acabamos la pesadilla técnica de la Unidad Bebé v1.0.
Hemos completado el control de calidad, 24 meses después.
Si estás escuchando esto porque te examinas en la UNED, hagamos un resumen de emergencia.

La Inteligencia sensoriomotriz es el resumen completo de cómo un tubo digestivo impulsado por motores torpes pasa de reaccionar a bofetadas del entorno a simular la realidad dentro de su cabeza en solo dos años.

En el apartado de hardware, el prototipo arranca con la cámara desenfocada, pero trae un sesgo de fábrica innegociable, la orientación y preferencia por la cara humana.

El bicho ignora las paredes blancas y busca desesperadamente ojos y bocas para asegurar el mantenimiento.
Luego le cuesta meses ajustar la tarjeta gráfica para lograr la constancia del tamaño y de la forma.
Sin esa corrección de escala, los objetos cambiarían de especie cada vez que se inclinan dos centímetros.
Y para no despeñarse de la cuna cuando empieza a gatear, la máquina activa la percepción de la profundidad. Que los investigadores probaron sometiendo al prototipo al famoso experimento del precipicio visual.

En el apartado de software básico, arranca ejecutando los reflejos del recién nacido. Comandos automáticos que se van puliendo mediante bucles de repetición llamados reacciones circulares.

Tienes las reacciones circulares primarias, que actuan sobre su propio cuerpo, las secundarias, que actuan sobre los juguetes de la cuna y las terciarias cuando el bicho se vuelve un científico chiflado que tira las cosas al suelo en distintos ángulos.

Gracias a esa experimentación, en el Estadio 4 el prototipo estrena la conducta intencional, que logra a través de la coordinación medios-fines, usando un primer esquema como herramienta o medio para alcanzar un segundo esquema como meta o fin.

El gran dolor de cabeza de toda este control de calidad auditoría ha sido la permanencia del objeto. Vimos que el rastreo de cosas ocultas nos dejó el ridículo Error A-no-B.

Donde el bicho busca el juguete en el escondite A aunque lo hayas cambiado al B delante de sus narices, simplemente porque su córtex frontal no sabe inhibir la orden del éxito pasado.

Y para explicar esto, la comunidad científica se dividió en dos bandos los del enfoque de los principios, que afirma que el bebé nace sabiendo lo que debe hacer y solo le fallan las manos y los del enfoque del proceso adaptativo que demuestra con redes neuronales que la mente se construye poco a poco, gracias a la experiencia.

Fin de la chapa teórica. ¿Qué hemos aprendido en toda esta auditoría de fábrica? Que el cerebro humano no nace construido ni viene con un software perfecto de serie, sino que es un parcheado caótico e ininterrumpido de errores sobre la marcha para lograr adaptarse al entorno, solo porque la evolución determinó que debíamos enfrentarnos al mundo tras nueve meses de gestación porque esperar 36 era letal para las hembras.

Dejemos la teoría pura y pasemos a la práctica donde nos manchamos las manos de verdad: cómo un cableado mal calibrado puede explicar tu propia intensidad adulta.

Resumen Teoria

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Hasta aquí hemos auditado la versión estándar del prototipo.
Pero en el departamento de control de calidad a veces nos entra en la mesa de pruebas una unidad modificada sin previo aviso.
Vamos a imaginar la Unidad Bebé v1.0, pero cargada con una placa base trucada, la RAM al triple de frecuencia y un procesador sin limitador de potencia.
La versión con overclocking neuronal.
Repito, vamos a imaginar.
Porque estos sujetos, en los estudios, como les ocurrirá a lo largo de sus vidas serán clasificados en cajones diferentes.
En los estudios importa la replicabilidad, no ponen el foco en lo que se aleja de la media.
Si explicas el comportamiento de la media, tu experimento es alabado por la ciencia porque permite predecir y controlar el comportamiento de la inmensa mayoría.

Por eso, lo repito una vez más, imagina, porque esto es complicado de ver en la realidad, por el simple hecho de que no es rentable en términos científicos. Hasta que algún día alguien se de cuenta de lo rentable que sería para la humanidad predecir y controlar el comportamiento de los sujetos que habitan a la derecha de la campana de Gauss como ocurre en la sociedad americana.

Aquí en la vieja Europa estamos mucho más preocupados en resolver problemas inciertos que en cultivar los cerebros que podrían resolverlos. Es un retraso estructural e histórico. Por eso hay países que lideran el mundo y países que se miran el ombligo, porque la naturaleza adora la homeostasis.

Pero sigamos imaginando lo que ocurre en estos cerebros desde el mes uno. en nuestro laboratorio de calidad descoloca por completo a los inspectores. La causa está en el cableado.

Concretamente en la mielinización. En estas unidades, el revestimiento de grasa aislante en los nervios del córtex visual y frontal no tarda seis meses en instalarse.
Se despliega en cuestión de semanas.
El resultado es un flujo de datos que hace que la cámara frontal procesa detalles del fondo mientras los otros bebés ni siquiera han enfocado la nariz de su madre.

El problema es que esta velocidad no cuadra con la cronología estándar de Piaget.

A un prototipo estándar le lleva meses ensayar el bucle de agitar el brazo, golpear el sonajero y entender qué leches ha pasado. Lo que hemos denominado reacciones circulares.
El bicho con el cerebro cableado de manera diferente sacude el trasto dos veces, descifra la mecánica del ruido y su cerebro liquida el interés por el juguete.
La consecuencia no es un bebé placentero y tranquilo.
Es un prototipo en colapso por saturación que empieza a berrear porque su procesador se aburre soberanamente con los estímulos de la cuna.
Exige calibraciones táctiles y complejas todo el tiempo para no quemar el motor girando en vacío.
Pero, oh sorpresa, los juguetes diseñados para su edad cronológica, no tienen en cuenta a los bebés que se han desviado de la media.

Esta hipervelocidad catapulta al bicho directo al Estadio 6 antes de que le haya salido el primer diente.
Un bebé con altas capacidades no necesitaría destrozar diez cajas para ver cómo se abren. Su motor gráfico interno simula la maniobra en su cabeza de forma precoz.
Sabe cómo funciona el pestillo del armario antes de tener la fuerza física en la mano para desplazarlo gracias a la representación mental.
Y esa disociación entre lo que quieres hacer y lo que físicamente puedes hacer es una tortura.
Imagina tener la capacidad lógica de un ordenador cuántico atrapada en el chasis de un bicho de nueve kilos que ni siquiera controla los esfínteres.
¿A qué ya sabes de lo que te estoy hablando? Se llama asincronía. Y te acompaña toda tu vida. Pero especialmente en los primeros años, cuando el niño quiere escribir un cuento de 60 páginas pero sus manos solo están preparadas para hacer palotes.

Si estás escuchando esto con treinta años y te pasas la vida reventado, entiende de dónde viene tu agotamiento.
Es que llevas el mismo procesador overclockeado desde que naciste.

El córtex frontal de estas unidades procesa cada cambio de luz, cada zumbido de fluorescente y cada microexpresión facial del entorno sin filtro de atenuación.
Así que tu sistema operativo nunca aprendió a apagar los sensores secundarios. No puedes inhibir

Por eso te agotas en esa reunión que lleva veinte minutos dando vueltas sobre un tema que tú ya habías resuelto en los primeros tres segundos.
Tu CPU sigue buscando complejidad mientras el resto de los prototipos de la sala continúan fascinados agitando el sonajero.

¿Por qué los suelen diagnosticar erróneamente como defectuosas y no pasan el control de calidad porque les pegan la pegatina de Trastorno de Deficit de Atención e Hiperactividad?
Porque, como descubrió Dabrowsky confunden la hiperactividad de un procesador que no tolera bucles vacíos y muestra sobreexcitabilidad intelectual, con un fallo en el flujo natural de la dopamina.

Un consejo, futuros psicólogos clínicos, hay vida más allá del DSM-V. Recordad que el DSM-V es válido para el 80 % de la población, pero hay un 10 % a la derecha de la campana de Gauss al que no se le puede aplicar ese manual de instrucciones. Ya hay países al otro lado del charco que se han dado cuenta, lo que pasa es que, esos mismos países tienen otros estímulos, mucho mas salientes, que venden más en las noticias.

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Despedida

Pero al final, da igual si viniste de fábrica con la versión estándar de la Unidad Bebé o con la placa base con overclocking.
El reloj de la CPU no perdona a nadie. Si has estudiado fundamentos de investigación, recuerda la amenaza de la regresión a la media.
Al final todos nos vamos a morir.

El tiempo se agota. La batería pierde capacidad con cada ciclo de carga y no se admiten devoluciones.
Un día estabas atrapado en una cuna intentando coordinar la mano con la boca, y al día siguiente te despiertas con dolor de espalda, pagando facturas y aguantando reuniones interminables mientras tu entorno sigue jugando con sonajeros invisibles.
No tienes infinitos intentos.
El procesador terminará apagándose y la pantalla se irá a negro.

Aprovecha el tiempo que te queda de encendido.
Deja de gastar ciclos de carga en cosas que no importan.

Si este episodio te ha servido para asimilar un poco mejor el tema 2 de psicología del desarrollo o para entender por qué tu cerebro procesa el mundo como una tormenta de datos sin filtro, no lo dejes criando polvo.

Si quieres escarbar más en esta locura y entender el firmware que te tocó en suerte antes de que la máquina se quede sin batería, pásate por diariodeunacebra.com.

Allí tienes mucho más para seguir entendiendo tu propia mente. Nos vemos en el próximo tema de Psicología del Desarrollo, donde veremos como, una vez completado el estadio sensoriomotor, descubrimos el mundo emocional y afectivo desde la perspectiva de la recepción y el equipo de conserjería de un hotel de cinco estrellas ultra-exclusivo.

El recién nacido es un magnate caprichoso, exigente e inestable que acaba de hacer check-in sin hablar el idioma local; los padres son los botones y recepcionistas agotados; y el vínculo de apego es la tarjeta de membresía VIP que determina si el huésped confía en el servicio o destroza la suite.

Hasta entonces, muchas gracias por tu compañía.

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Si este artículo te ha sonado, es probable que estés intentando unir las piezas del puzle. He ordenado las 7 claves fundamentales en una secuencia lógica para que no tengas que saltar de punto en punto.

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